En una enriquecedora entrevista, la Dra. Gerber comparte con nuestra revista institucional sus desafíos a la hora de elegir la contaduría y su experiencia en el trabajo con Sociedades. Recuerda su primer trabajo en un estudio contable y su posterior ascenso como socia junior. Además, el Dr. Humberto Rosboch relata su  experiencia durante el Servicio Militar Obligatorio mientras estudiaba contabilidad y su exitosa carrera tanto en empresas como también ejerciendo como contador independiente. Ambos profesionales resaltan la importancia de la capacitación constante y la matriculación en el Consejo Profesional.

Al preguntarle acerca de sus últimos años en la escuela secundaria, la Dra. Elida Gerber, Contadora Pública (Tomo 24, Folio 167, matriculada en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires), recuerda cómo la elección de la carrera no le fue sencilla: “Primero inicié con mi deseo de ser perito mercantil. Pero me costó muchísimo decidirme porque yo fui al Normal 1 y todas mis compañeras seguían el bachillerato o magisterio. Yo lo que sí tenía claro era que maestra no quería ser y que los números me gustaban bastante. Entonces entré a la escuela de comercio. Ahí decidí que quería ser contadora, y estudiaría en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP”. En ese entonces la carrera se cursaba en el viejo edificio del Liceo Víctor Mercante de la ciudad de La Plata, y las clases eran después de las 18 hs. “Fue muy complicado por los horarios seguir estudiando, pero eso le facilitaba a algunos compañeros trabajar de día y estudiar después de esa hora”.

La contadora perteneciente a la Delegación La Plata recuerda su paso por la universidadad como "unos hermosos años", donde la presencia femenina en la cursada era escasa. "Éramos 10 mujeres nada más en la carrera en ese momento, me acuerdo que no podíamos usar pantalones para ir a rendir exámenes. Era una época muy difícil en la Argentina, hoy en día me parece imposible que haya pasado una cosa así”.

Dentro de poco voy a cancelar la matrícula, porque yo ya estoy jubilada. Y eso fue lo más grande que se pudo haber hecho: la Caja de contadores. Mis hijos quieren que no trabaje más, pero yo aún no estoy preparada para dejar de trabajar.
Recuerdo los años de universidad como unos hermosos años, muchos compañeros, en general varones. Éramos 10 mujeres nada mas en la carrera en ese momento.
Dra. Elida Gerber

La experiencia cuenta

La colega recuerda que su inserción laboral tuvo un gran componente de fortuna.“Mi primer trabajo se dio de manera muy casual. Cuando me recibí, pasando por calle 7 en La Plata, estaba el estudio del contador Mazza y había un cartel que decía que necesitaban contadores recién recibidos, pero la fecha había vencido. De todas maneras me presenté a una entrevista con la idea de quedar para futuras búsquedas y a los dos días me llamaron para empezara  a trabajar inmediatamente. Ese fue mi primer trabajo y ahí aprendí muchísimo”,rememora la Dra. Gerber en conversación con RePro.

Sin embargo, esa no fue su única gran experiencia profesional: “Mi paso más importante fue haber sido socia junior del contador Carlos Benett Straub, a quien recuerdo con mucho cariño, con quien tuve una amistad familiar. A él la parte contable no le gustaba y me preguntaba a mí y yo le preguntaba a él sobre impuestos. Fue una relación muy extendida en el tiempo, por lo que me dolió mucho su fallecimiento. Después de mi paso por ese estudio, me dediqué al trabajo independiente”.

Dentro de esa área, existen muchas ramas y posibilidades para el desempeño contable. “Desde que nací como profesional me dediqué a las sociedades”, expresa Elida, al tiempo que agrega:“Mis compañeros me decían que me había complicado la vida, pero yo advertí que el nivel de diálogo que uno podía tener con el dueño de una sociedad era muy diferente a la de un comerciante. Eso hizo una diferencia en el aspecto de conseguir clientes más grandes, elevando también mi condición profesional, ya que la exigencia era mayor”.

Sin embargo, el trabajo constante y de excelencia empieza a pesar con los años, lo que hace sobrevolar la idea del retiro definitivo en la mente de la contadora: “Dentro de poco voy a cancelar la matrícula, porque yo ya estoy jubilada. Y eso fue lo más grande que se pudo haber hecho: la Caja de contadores. Mis hijos quieren que no trabaje más, pero yo aún no estoy preparada para dejar de trabajar. Es un poco la intencionalidad de mi personalidad, pero también la gratificación que uno siente de que lo vengan a  buscar, no es solamente el propio impulso, sino también el de los terceros que te piden que sigas trabajando con ellos”.


Un buen Consejo

Al momento de hablarle a las nuevas generaciones, Elida  apunta a que confíen en el Consejo: “Nosotros no tuvimos la suerte de tener seminarios a distancia, ni proyecciones presenciales, pero siempre pudimos acudir al Consejo, siempre nos sentimos protegidos. Mi deseo también es que trabajen, porque todo el esfuerzo que hagan hoy va a tener sus frutos sí o sí el día de mañanaHoy en día es fundamental que los jóvenes busquen la excelencia, aunque el recurso sea bajo, en algún momento va a tener sus frutos."

Para finalizar, la contadora expresa su gratitud para con la institución: “Tengo un profundo agradecimiento con el Consejo Profesional y me siento muy orgullosa de ver cómo avanza. Cuando veo el edificio sobre Diagonal 74, me acuerdo dónde empezamos, y pienso ´esto somos nosotros´. Estoy eternamente agradecida con esta institución”.

Yo hoy trabajo por videoconferencia desde mi casa, ya no hago casi reuniones presenciales. Para eso tuve que aggiornarme y mantenerme actualizado.

Acercarse a la profesión 

El Dr. Humberto Rosboch, Contador Público (Tomo 28, Folio 74, matriculado en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires)se entusiasmó con la idea de ser contador cursando el último año de la escuela secundaria. “Mis primeros años en la universidad fueron bastante agitados, porque era algo nuevo para mí”, manifiesta el colega pertenenciente a la Delegación Avellaneda, quién cursó la carrera en la Universidad de Buenos Aires. “La facultad estaba bastante politizada y esas discusiones iniciales sobre en qué anotarme fueron raras para mí, porque no tenía una conducción clara, por lo que experimenté todo de manera práctica. Una vez inscripto, fui haciendo amistades y entre algunos conocidos del colegio secundario hicimos un buen grupo de estudio acá en Bernal y eso me sirvió para estar más acompañado”,recuerda Rosboch en diálogo con RePro.

Advertí que el nivel de diálogo que uno podía tener con el dueño de una sociedad era muy diferente a la de un comerciante. Eso hizo una diferencia en el aspecto de conseguir clientes más grandes, elevando también mi condición profesional, ya que la exigencia era mayor
Dra. Elida Gerber

Por aquellos años, los jóvenes debían cumplir con el Servicio Militar Obligatorio (SMO), por lo que Humberto ingresó a la Policía Federal durante su primer año de carrera profesional. “Tengo una anécdota de ese entonces. Yo fui designado en la guardia de infantería, la cual anulaba los piquetes y las protestas de los estudiantes, y justo en la UBA, se juntaron los estudiantes de medicina y de las ciencias económicas a marchar a la Casa Rosada, y nosotros teníamos que frenarlos", relata el Dr. Rosboch.

"El oficial nos grita que ataquemos con bastones, y ninguno se movió. Dio la orden 3 veces y ninguno se movió. Y le preguntó al sargento ´¿qué pasa que no obedecen?´, y él le responde: “Y  no, si son todos estudiantes”, recuerda el contador, ante un lógico conflicto de intereses.

"Así que a partir de ahí nos destinaron a comisarías, y la guardia de infantería siguió con otros efectivos”, afirma el colega, quien pudo retomar los estudios cuando terminó el SMO.

“Si bien me costó un poco retomar, pude adaptarme rápidamente, ya que en esos tiempos las cosas cambiaban mucho en la facultad. Atacaron mucho a los profesores de izquierda, que eran los mejores, y esos cambios eran bruscos y bastante bravos para los estudiantes. Porque los exámenes se dilataban y se perdía la efectividad en la cursada”, rememora el Dr. Rosbosch en relación a su paso por la facultad.


Crecer en la profesión y mantenerse actualizado

“Cuando estaba estudiando, uno de mis compañeros estaba trabajando en una empresa norteamericana, y me incentivó a hacer un examen para el ingreso de gente joven y estudiantes en ciencias económicas. Ahí logré mi primer trabajo en una multinacional como empleado en costos, y ese fue el comienzo de una experiencia muy importante, ya que su método de trabajo es muy estudiado”. De ahí en más, todo fue aprendizaje. Humberto recuerda su paso por diferentes áreas, como analista contable; más tarde se desempeñó como analista económico, donde analizaba proyectos de inversión; y luego fue jefe de contaduría y tuvo 10 contadores a cargo, un gran impulso para todo lo que vendría. “Me entusiasmé y me empezaron a llamar de otras empresas privadas, ya como profesional un poco más experimentado. Luego de 10 años en esa empresa, pasé a trabajar en la gerencia de otras”, rememora Rosboch. “Recién en 1982 tomé la decisión de pasar a trabajar como independiente, donde era muy bravo trabajar en Argentina, y formé mi propio estudio”.

Recién en 1982 tomé la decisión de pasar a trabajar como independiente, donde era muy bravo trabajar en Argentina, y formé mi propio estudio
Dr. Humberto Rosboch

El colega remarca la necesidad de la capactiación constante a la hora de ejercer la profesión.“Tomé muchos cursos adicionales, con diferentes asesores que daban cátedra sobre temas contables. Fue importantísimo mantenerme actualizado, más siendo jefe de áreas como la contable, o como gerente administrativo financiero en diferentes empresas y provincias. También fue fundamental tomar cursos, más que nada en todo lo que está relacionado a la computación. Llegué en un momento a estar solo y tuve que prepararme para enfrentar cuestiones más tecnológicas. Tenía contabilidades que se hacían a mano y cuando me compré mi primera computadora con la aparición de nuevos sistema aceleré ese aprendizaje", detalla el contador.

A su vez, enfatiza la importancia de la convivencia con generaciones más jóvenes. "Últimamente, mi hijo se recibió de Contador, y los asociados son más jóvenes, por lo que me van explicando ellos esas cosas que me son difíciles de asimilar”, puntualiza el Dr. Rosboch y menciona como ejemplo el trabajo con la inteligencia artificial.

“Apenas me recibí, me matriculé en el Consejo. No tenía empresas privadas todavía, pero si me sirvió para conocer lo que era el sistema de peritos contables y me anoté.  Eso hizo que pudiera empezar a conectar directamente con estudios y salían trabajos como auditorías, que podía hacer a pesar de estar en relación de dependencia en forma puntual y separada", narra Humberto en conversación con RePro.

Frente a la oportunidad que brinda el Consejo de seguir matriculado aun jubilado, el colega expresa lo fundamental que es mantenerse actualizado: Poder seguir trabajando siendo profesional mientras se está jubilado lo obliga a uno a estar despierto mentalmente. Yo hoy trabajo por videoconferencia desde mi casa, ya no hago casi reuniones presenciales. Para eso tuve que aggiornarme, mantenerme actualizado, leer, y en esa línea pienso que una de las cosas más importante en nuestra profesión es capacitarse. Hoy en día es cada vez más difícil, porque incluso los consejos van cambiando las normas, lo que dificulta mantenerse al día, pero lo bueno es que siempre salen nuevos cursos en las delegaciones, incluso por zoom. Es muy importante que el Consejo acompañe a los jóvenes con esas capacitaciones, ya que son de mucha ayuda para el ejercicio de la profesión.”


TAGS •

Contadora, 50 años, profesionales, aniversario, Delegación La Plata, Universidad de La Plata, Universidad de Buenos Aires, Delegación Avellaneda,
Vorknews Sistema para diarios online