La Dra. Ana Laura Sabio es chubutense y contadora pública recibida de la UNLP. Tenía un trabajo en relación de dependencia y su propio estudio contable. Una oferta laboral que recibió su marido cambió los planes de la familia: dejar La Plata para ir a vivir a París. Desde hace 10 meses se encuentran residiendo en Francia, en lo que será su primera Navidad en la Ciudad de la Luz. Los motivos de la decisión, los desafíos de emigrar, el trabajo a distancia y el uso de la tecnología para aminorar el efecto del desarraigo son algunos de los temas sobre la que la colega ahondó en diálogo con RePro Digital.

El avance de la tecnología permite que una profesión pueda ser ejercida desde cualquier parte del mundo. Desde febrero del 2023, la Dra. Ana Laura Sabio, Contadora Pública, cambió Argentina por Francia, la ciudad de La Plata por la de París.

“De chica, nunca pensé que iba a terminar viviendo en otro país. Recién lo empezamos a pensar más en familia, cuando me casé” relata Ana en diálogo con RePro, en el mediodía parisino.

La oportunidad de cambiar de continente llegó a partir de una oferta laboral. “A mi marido se le dio una posibilidad de trabajo en París y teniendo esa carta verde, con dos niñas a cuestas y toda una vida armada en Argentina, dijimos de ver cómo era la experiencia de vivir afuera”, cuenta la Dra. Sabio, con todos los cambios que supone irse a vivir a otro país: cultura, idioma, trabajo y relaciones sociales.

Amiga de las pantallas

Los 11 mil kilómetros de distancia que separan París de La Plata no fueron impedimento para sostener su estudio contable desde las cercanías de la Torre Eiffel y seguir ejerciendo la profesión de la que se recibió en la UNLP. “Si no salgo a la puerta, atrás de la computadora, siento que estoy en Argentina trabajando”, afirma Ana, quien encontró en la modalidad home office la posibilidad de seguir de cerca lo que sucede en Argentina y estar en contacto, pantalla mediante, con compatriotas.

“A partir de la pandemia, el trabajo del estudio se empezó a hacer online y hoy, mi ejercicio profesional es totalmente online. A mis clientes no los conozco en persona. Todo el equipo sigue trabajando desde Argentina y yo desde Francia”, sostiene la contadora, para la que cualquier lugar con internet puede oficiar de oficina. “Gracias o a pesar de la pandemia, a nosotros nos impulsó a saber que la profesión se puede seguir ejerciendo desde donde sea, se puede hacer a distancia. Se puede tener una mejor calidad de vida y ejercer lo que uno eligió”, afirma Ana, al tiempo que agrega: “Lo productivo, mis horas de trabajo, son las mismas donde sea que vaya, las llevo conmigo. La tecnología nos acompaña, pero el valor diferencial es esa forma distintiva que tenemos cada uno de relacionarnos con nuestros clientes”.

Si no salgo a la puerta, atrás de la computadora, siento que estoy en Argentina trabajando.

Esa misma tecnología que expande las fronteras laborales es la misma que hace que el desarraigo se sienta menos. “Con mis amigas y familia estoy en contacto permanente. La realidad es que cuando uno está allá, tampoco es que te ves personalmente todos los días. También hablás por teléfono y hacés videollamada más que ir a visitarlos”.


Trabajo sin fronteras

Para Ana, su estadía en París puede funcionar “para seguir expandiendo la parte de clientes fuera del país”, y se muestra sorprendida ante la presencia de “muchísimos emprendimientos y empresarios argentinos trabajando en Francia que necesitan de nuestro asesoramiento. Se ve muchísimo argentino peleándola desde este lado”.

“Para mí, seguir siendo asesora como venía siendo en Argentina me es más fácil hacerlo con clientes argentinos, muchos tienen doble residencia y tienen que tributar en ambos países, y debo asesorarlos en materia de tributos argentinos”, narra la Dra. Sabio, más acostumbrada a la cambiante normativa contable argentina. “La parte impositiva en Francia es una declaración anual y gratuitamente tenés consultores en cada ayuntamiento de París”.

La oficina de Ana, el living de su casa.

Los días de la profesional tienen más horas que los de cualquier persona, ya que inicia temprano en la mañana y su horario laboral llega a extenderse hasta la madrugada. “Yo me levanto para llevar a las chicas al colegio, a las 7 de la mañana y ya arranco trabajar. Tengo 5 horas de diferencia con el horario de Argentina, por lo que el teléfono empieza a sonar a partir del mediodía. A las 7 de la tarde estás estallado de consultas”, confirma la Dra. Sabio.

A su rol de madre, contadora pública y estudiante (realiza una maestría para poder realizar asesoramiento impositivo a los propios habitantes franceses), se le suma la docencia universitaria en la Universidad de Palermo, que realiza de manera remota. Son las 3 de la mañana y sigo dando clases”, asegura Ana, quien se define como “noctámbula”.

En la decisión de irse a vivir a otro país no todo es color de rosas, más allá de cierta romantización difundida por redes sociales. “Es difícil dejar un montón de cosas que ya venían dadas. A todos nos desafía como personas y como familia la adaptación”, reconoce la profesional, al tiempo que agrega: “Creo que toda experiencia de salir de tu zona de confort te ayuda a crecer, a desafiarte. A nosotros no nos tocó venir solos, y por eso también aparecen las dudas cuando embarcás a toda tu familia a este cambio”.

Para Ana, “el desafío es buscar la incomodidad para un futuro mejor. Desde la experiencia y todo lo transitado es como uno después une los puntos”, continúa la contadora en conversación con RePro, quien se pregunta: “¿Tuve suerte o fueron 20 años de trabajo que un día salen a la luz?”.

Sin embargo, dar un paso adelante no implica no poder regresar. A lo conocido podemos volver, a casa de Argentina podemos volver”, sostiene Ana, con una sorprendente tranquilidad. “Esta oportunidad, este boleto dorado, fue la posibilidad de conocer como ser expatriado de una forma prácticamente gratuita”.

La Dra. Sabio, recorriendo las calles de París, con la imponente Torre Eiffel de fondo.

Claro está que no todo es trabajo; también hay tiempo para el ocio. En lo que en un fin de semana argentino podía significar ir a una plaza o recorrer algún pueblito o municipio de la provincia de Buenos Aires, en Europa se traduce como una escapada a conocer países cercanos. “Los fines de semana aprovechamos a hacer algún viaje y recorrer países. Todos los fines de semana un país distinto”, ríe Ana, quien sigue sumando sellos a su pasaporte.

“En Francia me preguntan de qué zona soy, por el acento”, asegura la profesional. Es que su residencia en el país galo pareciera haber sido planeado por el destino: desde los 10 hasta los 19 años estudió francés. “Yo feliz de la vida, puedo practicar el idioma. Cuando venís a vivir, necesitás alquilar, poner el cable, contratar un técnico, pelearla en la cotidianidad de ellos. Uno siente la vulnerabilidad de no ser de acá. El francés tiene su forma de, si no sos de acá, hacerte sentir que sos de afuera un poco”.

Esta Navidad será la primera que Ana festejará del otro lado del Océano Atlántico. Deberá mantenerse despierta o ponerse una alarma para esperar a que sean las 5 de la mañana en Francia, y de esa manera, poder brindar con sus familiares y amigos argentinos.

El desafío es buscar la incomodidad para un futuro mejor.

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