Realidad Profesional | Revista del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires y su Caja de Seguridad Social
El marketing de los profesionales en Ciencias Económicas no pasa solo por campañas publicitarias o redes sociales: también se juega en gestos cotidianos como cómo respondés un mail, cómo entregás un informe o cómo explicás tus honorarios. Cuidar esos detalles ayuda a ordenar expectativas, evitar malentendidos y construir una relación más clara y confiable con los clientes.
Elegir con quién querés trabajar, definir mejor tus servicios y comunicar de manera simple y transparente son pequeñas decisiones que fortalecen tanto tu marca como la imagen de la profesión en su conjunto. En esta nota, te proponemos algunas ideas para empezar a hacerlo y aprovechar el verano para revisar cómo querés comunicar tu trabajo.
Cuando se habla de marketing, muchos profesionales piensan enseguida en anuncios, campañas costosas, presencia permanente en redes sociales o estrategias reservadas a grandes empresas. Sin embargo, el marketing no es solo eso. También tiene que ver con los pequeños gestos cotidianos que construyen (o dañan) la confianza de quienes trabajan con vos.
En un contexto en el que los clientes comparan, buscan recomendaciones en grupos de WhatsApp, googlean nombres y revisan perfiles antes de tomar una decisión, la imagen del profesional ya no depende únicamente de su conocimiento técnico. Importa lo que sabés, pero también cómo lo explicás y cómo se lo presentás al otro.
La buena noticia es que no hace falta transformarse en influencer ni seguir todas las modas digitales. Muchas veces, mejorar el “marketing” implica simplemente mirar con otros ojos lo que ya venís haciendo todos los días y ordenar algunos detalles para que comuniquen mejor.
Antes de sumar nuevos canales o abrir más redes, vale la pena mirar qué estás mostrando hoy, casi sin pensarlo.
Un correo sin saludo, todo en una sola línea, lleno de siglas y sin una idea central puede dejar la sensación de distancia o desorden. En cambio, un mensaje que saluda, resume en una frase de qué se trata, ordena la información en párrafos, y cierra con una firma prolija, transmite otra cosa: organización, respeto por el tiempo del cliente y cercanía.
Lo mismo pasa en WhatsApp: los tiempos de respuesta, la extensión de los audios y el tono que usás también construyen tu imagen.
Un balance perfecto desde lo técnico puede perder fuerza si llega como un simple archivo adjunto sin explicación. En cambio, un informe que incluye un título claro, un breve resumen, y una conclusión o recomendación, ayuda al cliente a entender qué está recibiendo y qué debería hacer con la información. Esa experiencia también forma parte de tu marca profesional.
No es necesario estar en todas las redes, pero sí cuidar las que ya usás: que la foto sea actual y profesional, que la descripción diga qué hacés y a quién ayudás, y que los datos de contacto estén actualizados. Un perfil sencillo pero prolijo genera más confianza que muchos canales abiertos y descuidados.
Además, hay un detalle simple que suma muchísimo a la confianza: mostrar tus datos de matriculación. Incluir el número de matrícula y tu condición de profesional habilitado —en la firma del mail, en tu perfil de LinkedIn o en una propuesta de servicios— funciona como una credencial inmediata. Es una forma concreta de respaldar tu trabajo, facilitar la verificación y reforzar tu marca profesional desde lo más valioso que tenés, que es tu legitimidad.
Los honorarios no son solo un número: también son un mensaje. Cuando no queda claro qué incluye tu servicio o cómo se actualizan los valores, se abre un espacio para la duda. Explicar de entrada qué tareas están incluidas, cuáles son adicionales, y cada cuánto se revisan los honorarios, evita conflictos y te posiciona como alguien previsible y transparente.
Reconocer que todo eso ya es marketing es el primer paso. El segundo es mirarlo con más atención y decidir qué querés mantener, qué querés mejorar y qué mensajes no querés dar más.
Hay hábitos que, sin mala intención, pueden jugar en contra de tu marca profesional.
Citar normas y resoluciones es parte del trabajo, pero si la respuesta al cliente es casi un texto legal, el mensaje no llega. Una fórmula posible es primero explicar en lenguaje claro qué significa el tema para esa persona o empresa y después, si corresponde, aportar el sustento normativo. De esta manera, seguís siendo riguroso, pero también entendible.
Claro que no siempre se puede contestar de inmediato, pero un breve mensaje intermedio cambia la percepción: “Vi tu consulta, lo reviso y mañana te respondo con detalle”. Esa simple frase ordena expectativas y muestra que estás presente, aunque todavía no tengas la respuesta final.
Varios perfiles abiertos, sin actualización ni respuesta a los mensajes, generan la sensación de abandono. Es preferible elegir uno o dos canales, mantenerlos activos, y revisar los mensajes periódicamente, antes que dispersar esfuerzos en lugares donde no estás realmente. Menos es más.
Cuando no se define bien qué incluye tu trabajo, aparecen los malentendidos: trámites extra, consultas ilimitadas, urgencias de último momento. Dejar estos puntos por escrito y explicarlos con calma al inicio del vínculo con tu cliente evita reclamos posteriores y refuerza la seriedad de tu propuesta.
Si el cliente solo recibe noticias tuyas para pedirle documentación urgente o avisarle vencimientos, terminará asociando tu nombre al estrés. Sin necesidad de enviar información todo el tiempo, ayuda mucho anticipar fechas importantes, explicar cambios relevantes y proponer alguna instancia de repaso anual, pequeños gestos que equilibran el vínculo y muestran tu rol más allá de ser “el que avisa cuando hay que pagar”.
Otra cara del marketing es el posicionamiento: no se trata de trabajar para todo el mundo, sino de tener claro con quién trabajás mejor y en qué tipo de problemas aportás más valor.
Preguntas simples que pueden ayudar:
Si sabés que tenés un recorrido particular con monotributistas, PyMEs industriales, consorcios o profesionales de la salud, podés usar ejemplos de ese mundo cuando explicás algo, ajustar tus mensajes a su realidad y derivar casos que están muy lejos de tu perfil.
Con el tiempo, eso va construyendo una imagen clara: cuando alguien piense en ese sector, va a asociarte con ese tipo de trabajo. Y esa claridad también es marketing.
Pensar en marketing desde la óptica de los profesionales en Ciencias Económicas no implica dejar de lado la seriedad, ni transformar todo en una competencia por la visibilidad. Significa, sobre todo, poner en valor el trabajo que ya realizás y hacerlo más comprensible para quienes dependen de vos.
Cada mail claro, cada informe bien explicado, cada límite conversado a tiempo y cada expectativa bien gestionada son pequeñas acciones que fortalecen tu vínculo con los clientes y, al mismo tiempo, la imagen de la profesión. Cuando los profesionales en Ciencias Económicas comunican mejor su tarea, también contribuyen a que la sociedad entienda mejor qué hacen, por qué su trabajo es clave y qué rol cumplen las instituciones que los respaldan.
Si el verano trae un poco de respiro entre vencimientos, puede ser un buen momento para revisar estos detalles y ajustar lo que haga falta. No es necesario cambiar todo de un día para el otro: a veces, un par de decisiones conscientes sobre cómo querés comunicar alcanza para que tu marca profesional se vea —y se sienta— mucho más clara.