Realidad Profesional | Revista del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires y su Caja de Seguridad Social
La sostenibilidad pasó de ser una práctica complementaria a convertirse en una competencia estratégica y una variable de riesgo para las organizaciones. Hoy, las empresas —especialmente las PyMEs que buscan financiamiento— son evaluadas por sus métricas ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza), y la pregunta ya no es solo cuánto ganan, sino cómo lo hacen y con qué impacto. Este cambio de paradigma interpela directamente a los profesionales en Ciencias Económicas, llamados a integrar la sostenibilidad en la interpretación de datos, la evaluación de riesgos, la auditoría y la toma de decisiones. En esta nota, la Dra. Florencia García analiza el toolkit de la sostenibilidad —GRI, indicadores ESG, ODS y balance social— y describe el aporte de estas metodologías en la gestión del impacto económico, social y ambiental.
Dra. Florencia García
Contadora Pública (Tomo 163, Folio 198,
La sostenibilidad se convirtió en una competencia esencial y una variable de riesgo. En un mundo atravesado por crisis ambientales, desigualdades sociales y transformaciones tecnológicas, las organizaciones —y con ellas, los profesionales que las acompañan— están llamados a repensar su manera de generar valor.
Hoy, las PyMEs que buscan financiamiento internacional son cada vez más consultadas sobre sus métricas Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ESG) por inversores y entidades crediticias. La sostenibilidad ya no es solo responsabilidad social empresaria: es un requisito de mercado y un factor de resiliencia. Durante mucho tiempo, el éxito empresarial se midió únicamente por la rentabilidad económica. Hoy, la pregunta ya no es solo cuánto gana una organización, sino cómo lo hace, con qué impacto y con qué propósito.
Esa ampliación de mirada interpela de lleno a los profesionales en Ciencias Económicas: somos quienes interpretamos la información, acompañamos la toma de decisiones y traducimos los resultados en datos comprensibles. Por eso, incorporar una perspectiva sostenible ya no es una opción, sino parte de nuestra evolución profesional.
El paradigma de la sostenibilidad evoluciona constantemente. De un enfoque inicial centrado en el impacto —económico, social y ambiental— se avanza hacia una visión ampliada que incluye un cuarto eje fundamental: la Gobernanza. Este punto incorpora aspectos éticos, de transparencia y cultura organizacional fundamentales para garantizar que las políticas de sostenibilidad se sostengan en el tiempo y se integren a la estrategia corporativa. Así, la sostenibilidad deja de ser una práctica complementaria para convertirse en un principio de gestión integral.
Este cambio implica pasar de medir resultados financieros a comprender los efectos más amplios de la actividad económica. Significa observar cómo las empresas influyen en su entorno, en la comunidad y en los ecosistemas, y cómo se preparan para un futuro donde la sostenibilidad es sinónimo de competitividad.
La sostenibilidad como variable de riesgo significa que una mala gestión de los aspectos ESG (ej. alta contaminación, conflictos laborales o fraude) se traduce directamente en pérdidas financieras, ya sea por multas, aumento de costos operativos, pérdida de reputación o la dificultad para acceder a créditos y financiamiento. El riesgo no es solo ético, sino económico.
Hablamos de competitividad porque adoptar criterios sociales, ambientales y de gobernanza no solo asegura el desarrollo sostenible de las organizaciones, sino que además permite reducir costos y mejorar la eficiencia operativa, atraer inversiones y financiamiento, ingresar a nuevos mercados, atraer y retener talentos, y anticipar nuevas normativas, elementos cruciales en la gestión de riesgos actual.
Medir el impacto es el punto de partida para transformarlo. En este proceso, los profesionales en Ciencias Económicas contamos con un verdadero toolkit para la sostenibilidad, un conjunto de marcos, metodologías y herramientas que nos permiten dar rigor y consistencia a la gestión.
Entre las más reconocidas se encuentran:
A estas herramientas globales se suma una propia de nuestra profesión: el balance social.
El balance social es, quizá, el instrumento más potente que tenemos los profesionales en Ciencias Económicas para evaluar y comunicar el impacto de las organizaciones. Integra en un solo documento la información económica con los resultados sociales y ambientales, permitiendo reflejar de manera sistemática la Distribución del Valor Generado a sus distintos grupos de interés. Cuando se lo aborda con rigor técnico y mirada estratégica, el balance social se convierte en un reporte de sostenibilidad completo, dando cuenta de la coherencia entre la gestión, los valores y los resultados.
Estas herramientas amplían nuestra capacidad técnica y nuestro campo de acción. Nos permiten conectar la contabilidad y la administración con la sostenibilidad, transformando los datos en información estratégica para la toma de decisiones y la creación de valor integral.
Trabajar en sostenibilidad implica un cambio cultural: aprender a mirar más allá de los límites de nuestra disciplina. Los desafíos actuales —como la transición energética, la inclusión social o la economía circular— requieren equipos multidisciplinarios donde contadores, economistas, ingenieros, comunicadores y otros, colaboren con un objetivo común.
Desde nuestra formación, aportamos la mirada analítica y cuantitativa que permite traducir impactos en indicadores, evaluar riesgos y medir retornos integrales. Pero también aprendemos de otros saberes. Esa sinergia es la que potencia el cambio y nos convierte en actores relevantes dentro de una transformación sistémica.
Incorporar la sostenibilidad en la práctica profesional no se trata de sumar tareas, sino de redefinir la forma en que entendemos el valor. Las organizaciones que integran estos enfoques son más resilientes, transparentes e innovadoras.
El toolkit de la sostenibilidad nos da los instrumentos, pero la responsabilidad es nuestra. Las profesiones de las Ciencias Económicas están llamadas a trascender y convertirse en estrategas del impacto integral.
Nuestro desafío no es solo gestionar los riesgos de largo plazo, sino también anticipar oportunidades, orientar decisiones y acompañar la transición hacia modelos de desarrollo más conscientes, éticos y regenerativos. La prosperidad económica solo será sostenible si se construye sobre bases sociales, ambientales y culturales sólidas.
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