En la práctica cotidiana, muchos contribuyentes —y a veces incluso los profesionales— se concentran en cumplir las obligaciones urgentes del calendario fiscal y dejan de lado el análisis integral de su situación tributaria. Esa falta de mirada estratégica, conocida como miopía fiscal, puede generar distorsiones que recién se evidencian al momento de liquidar impuestos anuales como Ganancias, cuando una utilidad elevada termina derivando en bases imponibles difíciles de atenuar. Por eso, la planificación permanente y la comunicación fluida entre profesional y comitente resultan esenciales para anticipar escenarios y optimizar la carga fiscal dentro del marco normativo. En esta nota, el Dr. Enzo Bruno analiza cómo estas situaciones impactan en la planificación tributaria.

ARTÍCULO PUBLICADO EL 2026-01-30
Edición N. 149 - Enero / Febrero 2026

NOTAS DE AUTOR

Dr. Enzo Bruno Dr. Enzo Bruno Contador Público (Tomo 164, Folio 224,
Consejo Profesional de la Provincia de Buenos Aires)

Es dable destacar, a priori y antes de abordar la materia en cuestión, la importancia de la labor del contador, quien tiene entre sus funciones medir y cuantificar el patrimonio del ente de manera tal de asesorarlo en su toma de decisiones, planificación y posterior control; es decir, el profesional contable actúa como una especie de sastre, capaz de adaptar su análisis a las necesidades de cada comitente, pues todos son diferentes y cada uno conlleva un estudio meticuloso en particular.

Dicho esto, siempre debemos resaltar la importancia que tiene la comunicación y la relación profesional–comitente a los efectos de una adecuada estrategia y planificación fiscal, y aquí radica la piedra angular que hace al análisis del presente artículo.

Sabido es que existen un sinfín de obligaciones formales y materiales, con sus respectivas declaraciones juradas impuestas por el fisco, que deben cumplimentarse en debido tiempo y forma según el calendario fiscal; obligaciones que además generan una suerte de “día a día” en el actuar del contador independiente.

Es en este contexto donde suele aparecer una especie de miopía fiscal: por atender esas cuestiones cotidianas, se pierde de vista la planificación tributaria de largo plazo, que debe abordarse junto al comitente como parte de una verdadera ingeniería fiscal. Dentro del marco que permiten las leyes —como artículos, decretos reglamentarios, resoluciones y circulares del fisco— es posible actuar y aplicar ciertas técnicas, por ejemplo, de valuación, amortización o ajustes por inflación.

Para llevar esta teoría al campo de acción en el plano fiscal, supongamos, por caso, un contribuyente con una o varias actividades, que tiene IVA e Ingresos Brutos gravados y exentos, los cuales pueden presentar alícuotas tributarias más o menos progresivas. A su vez, puede tributar la TSH (Tasa de Seguridad e Higiene) municipal, entre otros. Esta combinación de obligaciones puede generar saldos a pagar, saldos a favor o bien saldos de libre disponibilidad que, en determinadas condiciones, pueden compensarse o solicitar su devolución ante el fisco.

A su vez, no debemos descuidar el impuesto anual, como es Ganancias —ya sea para una persona humana o jurídica—, ya que puede suceder que esos números mensuales, por ejemplo en IVA, hayan venido arrojando saldos a favor, ya sea por tener alícuotas benéficas en la facturación o bien por operaciones no gravadas, y luego, en Ganancias, ello termine generando una utilidad muy alta, lo que a su vez deriva en una base sujeta a impuesto difícil de desgravar y/o deducir con las herramientas que la ley permite.

Por atender esas cuestiones cotidianas, se pierde de vista la planificación tributaria de largo plazo, que debe abordarse junto al comitente como parte de una verdadera ingeniería fiscal.

Un sencillo ejemplo es el siguiente: un contribuyente con dos actividades —una gravada en IVA al 10,5% y otra exenta, con crédito fiscal por compras al 21%— puede reflejar beneficios mensuales en IVA, lo mismo que en Ingresos Brutos si una actividad tributa al 1% y la otra está exenta, sumado a exenciones municipales como la TSH. Sin embargo, al tributar Ganancias, donde ambas actividades están alcanzadas, la utilidad bruta resultante puede ser elevada y difícil de atenuar con las deducciones permitidas. De allí la importancia de una planificación mensual que anticipe estas distorsiones.

El acompañamiento profesional es clave para ordenar obligaciones, optimizar cargas fiscales y reducir los riesgos de la llamada miopía fiscal.

En retrospectiva, el punto neurálgico radica en tener una visión en conjunto sobre todas las obligaciones impuestas por el fisco y no reducir el ángulo de análisis a lo cotidiano, como suele suceder frente a las necesidades que más urgen en el día a día.

En definitiva, el factor clave vuelve a ser la importancia de una fluida comunicación entre profesional y comitente para abordar una planificación correcta, efectiva y eficiente, cumpliendo siempre con la ley.

Los contenidos que se publican son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no expresan necesariamente el pensamiento de los editores.


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