Realidad Profesional | Revista del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires y su Caja de Seguridad Social
En esta nota, abordamos el dólar cripto desde el estudio contable: qué es lo que realmente se está registrando cuando el cliente habla de “saldo en cripto” y qué respaldos conviene solicitar para reconstruir origen y movimientos. También repasamos las principales implicancias fiscales y patrimoniales que pueden aparecer según el caso, y ponemos en contexto creencias frecuentes para aportar criterios de trabajo más claros y prudentes.
Durante los últimos años, el dólar dejó de ser solo billete, caja de ahorro o MEP. Para un número creciente de ahorristas y empresas apareció una nueva variante: el dólar cripto, generalmente a través de stablecoins que buscan replicar el valor de la moneda estadounidense. Más allá del entusiasmo tecnológico o de las discusiones sobre blockchain, lo que importa en el estudio contable es que esos saldos se vuelven parte del patrimonio del cliente.
El primer desafío aparece al momento de responder una pregunta básica: ¿Qué es exactamente lo que se está registrando? No se trata de una caja de ahorro en dólares en un banco local, ni de billetes físicos, ni necesariamente de un depósito en una entidad financiera regulada. En muchas situaciones, es un saldo en una billetera digital alojada en una plataforma del exterior, o un activo custodiado por un tercero al que el cliente accede a través de una aplicación.
Esto obliga a revisar con mayor cuidado los respaldos disponibles. No alcanza con que la persona indique qué cantidad de dólar cripto posee: es recomendable contar con evidencia consistente (por ejemplo, extractos o reportes de la plataforma, historial de movimientos y comprobantes) que permitan reconstruir el origen de los fondos y su trayectoria. También es clave identificar qué activo se posee: no es lo mismo una stablecoin que busca replicar el valor del dólar que una criptomoneda volátil, cuyo precio puede variar de manera significativa. A la hora de exponer y reportar, esa diferencia incide.
El dólar cripto puede ser el canal para operaciones legítimas —cobro de servicios profesionales, pagos a proveedores del exterior, envío de dinero a familiares—, como así también vehículo de informalidad o de fondos no declarados. El profesional debe animarse a hacer preguntas que a veces incomodan: cómo ingresaron los fondos al sistema cripto, si responden a operaciones facturadas, o si existen contratos o documentación que vincule esos movimientos con la actividad declarada. Dado el fortalecimiento de los controles en materia de prevención de lavado, conviene abordar estas operaciones con criterios de trazabilidad y respaldo.
En el intercambio con clientes suelen aparecer ideas del tipo “por ser cripto, no paga impuestos” o que “no queda registrado en ningún sistema”. El rol del profesional es aclarar que la forma de cobro o de tenencia no convierte a un ingreso en “no alcanzado”, ni borra su existencia a efectos patrimoniales.
Según el caso, la tenencia de determinados activos en el exterior, las rentas generadas o las diferencias de cambio pueden tener impacto en Ganancias o Bienes Personales. Para monotributistas o responsables inscriptos, cobrar en dólar cripto no altera la naturaleza de la operación: si surge de una actividad gravada, el canal de cobro no la vuelve irrelevante para el fisco. También pueden existir efectos indirectos vinculados a regímenes de información, percepciones o retenciones, especialmente cuando intervienen plataformas del exterior o intermediarios no tradicionales.
Al momento de hablar de dólar cripto, no solo aparecen preguntas técnicas: también circulan muchas ideas simplificadas que terminan condicionando las decisiones de los clientes. Parte del rol de los profesionales consiste en poner en contexto esas frases que se escuchan en charlas informales, redes sociales o grupos de WhatsApp. A continuación, algunos de los mitos que más circulan:
En la práctica, buena parte de las operaciones se realiza a través de plataformas que piden verificación de identidad, vinculación con cuentas bancarias y validación de datos personales. Además, las transacciones dejan un registro en la red que, con las herramientas adecuadas, puede ser analizado. No se trata de un ámbito totalmente opaco, sino de un entorno distinto al sistema bancario tradicional, con otras lógicas y otros actores.
Que un activo no pase por una cuenta bancaria local no lo convierte en irrelevante desde el punto de vista fiscal o patrimonial. Si forma parte del patrimonio de una persona o de una empresa, o si surge de una actividad alcanzada por impuestos, el hecho imponible existe con independencia del canal utilizado. La forma de cobro o de tenencia no borra por sí sola la obligación de declarar.
Presentar al dólar cripto como una alternativa automáticamente “más segura” simplifica en exceso la discusión. El sistema financiero tradicional está sujeto a determinados marcos regulatorios y de garantía, mientras que el universo cripto se apoya en emisores privados, plataformas de custodia y esquemas tecnológicos con riesgos propios. No se trata de demonizar ni idealizar, sino de entender qué se está usando, quién lo respalda y qué consecuencias tendría un problema operativo o legal en cada caso.
Justamente porque combina tecnología, normativa cambiante y efectos impositivos, el dólar cripto vuelve más valioso el acompañamiento de un profesional en Ciencias Económicas. No para prometer soluciones mágicas ni bloquear toda innovación, sino para ayudar a que el cliente dimensione el impacto de sus decisiones, conozca sus obligaciones y ordene su información de manera consistente con el marco vigente.
Desarmar estos mitos no implica tener todas las respuestas, pero sí animarse a hacer preguntas, incorporar matices y ofrecer una mirada más amplia que la que suele aparecer en los mensajes simplificados. En ese espacio, la intervención profesional marca una diferencia.
El avance del dólar cripto es, en buena medida, una respuesta a la inestabilidad y a la búsqueda de alternativas por parte de personas y empresas. Más allá de la opinión que tenga cada profesional sobre estos instrumentos, su uso ya es un dato de la realidad y entra al estudio contable por distintas puertas: extractos, consultas y declaraciones juradas.
En ese escenario, el rol de los profesionales se amplía. Ya no se trata solo de registrar un saldo adicional en una planilla, sino de ayudar a ordenar la información, formular las preguntas necesarias para entender el panorama completo y explicar con lenguaje claro las consecuencias contables y fiscales de cada decisión. No se trata de promover ni desalentar el uso del dólar cripto, sino de acompañar ese fenómeno con responsabilidad, aportando claridad donde muchas veces circulan mensajes simplificados.
En definitiva, se trata de continuar haciendo lo que la profesión viene haciendo desde siempre: ofrecer una mirada técnica, prudente y contextualizada en un entorno que cambia rápido y en el que cada vez más números (y decisiones) están alojados en una pantalla.