Hay una escena que se repite en muchos estudios: jornadas que arrancan con urgencia y terminan con la sensación de que, aun resolviendo todo, siempre queda algo más por hacer. Entre vencimientos y demandas ajenas, el trabajo se vuelve automático y el cansancio se normaliza. La clave para evitar el agotamiento es frenar antes de llegar al límite con un primer paso simple: escribir, sin filtros, cómo te gustaría trabajar de verdad. Desde allí, aparecen herramientas para ordenar el vínculo con los clientes, delegar y crear espacios reales de descanso. En esta nota, la Dra. Florencia Moral invita a revisar señales y hábitos para empezar a trabajar de una manera más consciente, priorizando el bienestar.

ARTÍCULO PUBLICADO EL 2026-02-20
Edición N. 149 - Enero / Febrero 2026

NOTAS DE AUTOR

Dra. Florencia Laura Moral Dra. Florencia Laura Moral Contadora Pública (Tomo 106, Folio 215,
Consejo Profesional de Ciencias Económicas
de la Provincia de Buenos Aires).
Coach Profesional ICF.
* Este artículo se desprende de una capacitación llevada a cabo por el Instituto de Postgrado e Investigación Técnica (IPIT) de nuestro Consejo Profesional. Consulte al IPIT acerca de la disponibilidad de sus cursos en internet o por nuevas ediciones de esta formación.

Si sentís que el ejercicio de tu profesión te deja sin energía y desconectado de lo que realmente querés, te invito a mirar tu trabajo desde otra perspectiva, para que puedas expandirte, reencontrarte con tu propósito y crear una forma de ejercer más consciente y alineada con tu bienestar.

Percibo que muchos de los profesionales que ejercemos en forma independiente, que llevamos adelante nuestros propios estudios, normalizamos la forma en la que trabajamos, a tal punto que nos desempeñamos bajo niveles de presión y urgencia muy altos, que no cuestionamos, que damos por sentado y que dejamos pasar como algo que no se puede cambiar. Ser contador no tiene por qué ser sinónimo de sacrificio y estrés.

A través de este artículo, deseo que puedas descubrir herramientas y reflexiones que te permitan vivir tu profesión de una forma más plena y liviana. Desde mi sentir, todavía predomina en nuestra profesión un modelo de trabajo tradicional que, lejos de potenciarnos, termina por desgastarnos. Un modo de ejercer que nos empuja al cansancio crónico, apaga la pasión y diluye el disfrute por aquello que alguna vez elegimos con entusiasmo.

 

Cuando la rutina se vuelve presión

Vivimos corriendo detrás de los vencimientos, como si el tiempo siempre nos llevara ventaja. Muchas veces nos cargamos con preocupaciones que ni siquiera son propias, padeciendo más por situaciones de nuestros clientes que ellos mismos. Nos cuesta poner límites, trabajamos bajo una exigencia constante y, para completar el cuadro, aparece la culpa cada vez que intentamos descansar.

El tiempo personal se vuelve un lujo y el disfrute, una rareza. Así, trabajamos cansados, en piloto automático, con la queja como una constante. Resolvemos pendientes, pero nunca parecen terminar de resolverse: se acumulan, se multiplican, reaparecen. Hacemos malabares para llegar con todo, sosteniendo agendas imposibles y expectativas ajenas.

Y en ese esfuerzo silencioso, muchas veces sentimos que sostenemos todo solos. Como si el peso del sistema descansara sobre nuestros hombros, mientras seguimos avanzando, profesionalmente correctos, pero humanamente agotados.

La mayoría de nosotros se da cuenta de que no desea seguir trabajando así, pero en el día a día, en la vorágine de los vencimientos y en el afán de llegar a cumplir con todo, no aparece el tiempo, primero para reconocerlo conscientemente y luego para tomar acciones concretas que nos lleven al cambio.

Así seguimos en una rueda que no sabemos cómo frenar. Hoy te propongo que te des un espacio, tal vez antes de comenzar tu jornada laboral, ni bien te levantás, para que comiences a ser consciente de lo que te sucede y que te atrevas al cambio antes de que tu cuerpo frene, colapse, se manifieste con una dolencia, y te veas forzado a frenar del todo y a cambiar desde el dolor.

Ser contador no tiene por qué ser sinónimo de sacrificio y estrés.

Empezar por lo que sí depende de vos

Me gusta sentir que los procesos de transformación se pueden disfrutar, que podemos elegir el cambio cuando nos damos cuenta de que podríamos estar mejor, que no necesitamos tocar fondo para saltar.

El primer paso que te invito a dar no requiere tecnología, ni un nuevo sistema, ni más capacitación. Solo una hoja en blanco y un momento de honestidad. Sentarte y escribir, sin filtros, cómo te gustaría trabajar de verdad. No cómo “deberías”, sino cómo elegirías si el disfrute también fuera parte del modelo.

La acumulación de tareas y la presión por cumplir plazos puede instalar una rutina de agotamiento que, con el tiempo, se vuelve difícil de cortar.

Desde ahí empiezan a aparecer otras posibilidades. Dejar de pelear con el sistema tal como es y correrte de la queja constante, que consume más energía que cualquier vencimiento. Aprender a poner límites claros, sanos, profesionales, que ordenan tanto tu agenda como tu cabeza. Armar equipo —interno o externo— y delegar aquellas tareas que ya no tienen sentido económico ni energético seguir sosteniendo en soledad.

También implica revisar algo tan simple y tan poderoso como el inicio de tu día: cómo arrancás, desde qué estado, con qué intención. Crear espacios reales de descanso y autocuidado, sin culpa, entendiendo que no son un premio sino una condición para trabajar mejor. Y, por último, animarte a proponer otra forma de vínculo con tus clientes, más clara, más ordenada y más alineada con el profesional que hoy sos.

Cada uno de nosotros tiene la posibilidad —y la responsabilidad— de gestionar su propio metro cuadrado. Ese espacio íntimo donde nacen las decisiones auténticas, alineadas con los verdaderos deseos y no solo con lo que “siempre se hizo”. Allí comienza el verdadero cambio: al repensar cómo trabajamos, cómo nos organizamos y, sobre todo, cómo nos estamos conduciendo como profesionales y como personas.

Estoy convencida de que, a medida que más profesionales despertamos y elegimos liderar desde nuestro propio poder, algo se transforma. Se genera más energía, se eleva la vibración, el impacto en los clientes es más profundo y las situaciones se resuelven desde un lugar de mayor disfrute y claridad. Esa coherencia compartida crea una sinergia silenciosa pero potente, capaz de trascender lo individual y producir efectos reales en la sociedad toda.

El tiempo personal se vuelve un lujo y el disfrute, una rareza. Así, trabajamos cansados, en piloto automático, con la queja como una constante.

Los contenidos que se publican son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no expresan necesariamente el pensamiento de los editores.


TAGS •

trabajo, vencimientos, bienestar, profesión, cansancio, clientes, tiempo, estudio contable, Energía, descanso, cuidado, preocupaciones, disfrute, conciencia,
Vorknews Sistema para diarios online