Realidad Profesional | Revista del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires y su Caja de Seguridad Social
Hay aniversarios que no se miden en fechas, sino en hábitos: abrir el estudio, atender, resolver, seguir aprendiendo. A 50 años de su matriculación, los Dres. Jorge Fernández Viña y Alfredo Monteroni hacen memoria y comparten con RePro Digital cómo atravesaron décadas de cambios —de las primeras computadoras a la IA, de normas más simples a un ritmo de reformas que no da tregua— sin perder el eje. Entre clientes de toda la vida y trabajo en familia, esta nota recorre una trayectoria hecha paso a paso y deja una idea para cualquier generación: que la calidad se construye con capacitación, criterio y valores.
El Dr. Jorge Fernández Viña, Contador Público (Tomo 33, Folio 94, CPCEPBA) tuvo como herencia de su papá la pasión por la profesión, a la que se dedicaría desde muy pequeño. “La carrera viene un poco de la mano de mi padre, que en esa época era tenedor de libros, una función equivalente a la del Contador Público. Cuando él fallece, yo tenía 14 años, mi madre era docente y los tres hermanos tuvimos que ayudar económicamente”, recuerda Jorge, en una familia que sabe de esfuerzos.
“Mi hermano Lorenzo estudió medicina, yo Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Rosario y mi hermana Beatriz el profesorado de matemáticas. Los tres somos profesionales y trabajamos desde cero”, recalca con orgullo el colega perteneciente a la Delegación San Nicolás.
“Me inicié con liquidaciones impositivas y luego hice muchas auditorías, inclusive en empresas internacionales importantes. Lo que más me dio satisfacción profesional fue armar proyectos empresarios, desde el grupo inversor o directorio hasta desarrollar toda la empresa, realizar los trámites, ponerla en marcha y administrarla. Trabajé siempre como auditor, nunca fui accionista ni socio”, afirma el Dr. Fernández Viña en diálogo con RePro Digital, quien llegó a ser Gerente General y presidente de directorios.
En la actualidad, Jorge sigue al frente de su propio estudio contable, compartiendo profesión con su hija Gabriela, también contadora y matriculada de nuestro Consejo. “En el estudio nos consultamos e intercambiamos opiniones. No es complicado trabajar en familia cuando uno no es egoísta. El tirano más grande que tenemos todos es el tiempo”.
En más de 50 años como profesional, Jorge pasó por todas las etapas de los distintos desarrollos tecnológicos. “A nuestra generación le tocó vivir importantes cambios. Trabajé y tuve en el estudio las computadoras con tarjetas verificadoras que precisaban una habitación entera para funcionar, hasta llegar hoy a la notebook y al teléfono celular. Tuvimos que comprender que había que aprender. Ahora también nos toca la inteligencia artificial”, remarca el Dr. Fernández.
En este sentido, Jorge destaca que “el valor más fuerte que tiene el Consejo son los cursos de capacitación y formación, que son herramientas muy valiosas para consultar”. “Hoy existe una variedad de gamas dentro de la profesión que obligan a la especialización para asistir bien a una empresa”, sostiene el colega, evidenciando que el camino del profesional en Ciencias Económicas está repleto de capacitación constante.
“Mi historia profesional fue creciendo paso a paso y siempre con satisfacción. La profesión para mí fue muy valiosa, la quiero y la desarrollé con mucho esfuerzo. Tengo la suerte de llegar a los 81 años lúcido mentalmente”, sostiene Jorge con alegría, siempre vigente.
“La calidad profesional es patrimonio personal, la hacés vos capacitándote y demostrando tu potencial. Hay que ser honrado, transparente y trabajar seriamente”, afirma el Dr. Fernández Viña en relación a qué es lo que se necesita para ser un buen profesional. Y sobre el final de la charla, deja un mensaje para los más jóvenes: “Es importante saber decir que no. No todos los casos hay que tomarlos cuando uno tiene dudas o no se siente seguro. A los chicos les digo que no vayan tan rápido a la plata”.
Desde los 18 años, el Dr. Alfredo Monteroni, Contador Público (Tomo 33, Folio 115, CPCEPBA), comenzó su camino dentro de las Ciencias Económicas realizando inspecciones, liquidaciones y tareas administrativas en un importante aserradero de la zona sur. La inserción laboral llegó antes que el título universitario, que tuvo en sus manos en diciembre de 1973.
Mientras adquiría experiencia en relación de dependencia, su dedicación y profesionalismo lo fueron llevando a tener algunos clientes hasta que concretó su gran sueño: tener su propio estudio contable.
“Tomé de clientes a algunas inmobiliarias que se dedicaban a construir edificios, me especialicé en eso y son clientes que aún perduran. Hace ya un tiempo que no tomo clientes nuevos pero sigo con los de toda la vida, somos casi amigos entre todos”, grafica Alfredo. “Mi cliente de antigüedad mínima debe tener 25 años”, agrega el colega, perteneciente a la Delegación Lomas de Zamora.
En la actualidad, el Dr. Monteroni comparte profesión con su hija Gabriela, matriculada de nuestra institución. ”Ella me ayuda con la parte técnica de todos estos cambios que vinieron, yo me encargo de la parte de sociedades. Y ahí seguimos, me mantengo en forma y trabajando”, comenta el colega, vital y enérgico a sus 83 años.
Sobre las bondades de trabajar en familia, Alfredo destaca la confianza. “No tengo que estar pensando en nada, ella es muy consciente, capaz y me ayuda mucho. Muchas veces estamos demasiado juntos, pero cualquier inconveniente que tenemos lo solucionamos inmediatamente. Siempre nos acostumbramos a trabajar así”.
En relación a los cambios perpetrados en más de 5 décadas de ejercicio profesional, Alfredo afirma: “Antes era todo mucho más sencillo, y ahora nos fueron complicando todo tanto que creo que toda esa burocracia nos comió las bondades de las partes técnicas que obtuvimos. Nos tuvimos que ir aggiornando en un montón de cosas”.
“Cuando yo me recibí el IVA no existía, estaba el Impuesto a las Rentas. Ahora cada liquidación es una cosa totalmente distinta y nos desayunamos cada 6 meses de un cambio en algo y eso es lo que nos mantiene más alterados que antes”, describe Alfredo sobre la velocidad de las modificaciones normativas, que se combaten con capacitación.
En un mensaje dirigido a los más jóvenes, el profesional destaca que la clave está en el vínculo personal que se pueda construir con el cliente y en la actualización permanente. “Siempre hay que dedicarle un tiempo a seguir aprendiendo y a estar al día, estar dispuesto a aprender y ser humilde. Siempre me interesé en aprender de los que saben más que yo”.
Sobre sus 50 años junto a nuestro Consejo Profesional, el colega sostiene que se pasaron “como arena en los dedos”. “Fueron intensos, me sirvieron mucho. Tengo la motivación suficiente como para seguir trabajando, me gusta y encima tengo a mi hija que hace lo mismo, ella tiene los mismos valores que tengo yo. Es lo que nos mantiene vivos”, finaliza Alfredo, apasionado por la profesión.