Realidad Profesional | Revista del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires y su Caja de Seguridad Social
Los Dres. Reinaldo y Franco Vignolo tienen más cosas en común que el apellido: padre e hijo comparten el título de Contador Público, la matrícula en nuestro Consejo Profesional, el trabajo en el estudio contable y un proyecto familiar que late al ritmo de cada festejo. El cotillón Candombe abrió sus puertas en noviembre de 2002 impulsado por Reinaldo y su esposa y, con el tiempo, se convirtió en una empresa sostenida por el trabajo de sus hijos. En esta nota, te contamos cómo nació el emprendimiento, qué aprendizajes dejó el camino y por qué la mirada del profesional en Ciencias Económicas también se nota detrás del mostrador.
Argentina es tierra de oportunidades, pero también de desafíos. De talentos y emprendedores. De gente que apuesta e invierte.
En 1978, el Dr. Reinaldo Vignolo, Contador Público (Tomo 49, Folio 8, CPCEPBA), fundó su propio estudio contable para trabajar como profesional independiente y asesorar a su cartera de clientes. En noviembre de 2002, en un país que buscaba dejar atrás la crisis que lo había golpeado 11 meses antes, decidió abrir junto a su esposa un cotillón en La Plata llamado Candombe.
“Se buscó algún tipo de actividad acorde al capital que se podía disponer. Notamos que entre los precios de venta y los precios de costo había margen suficiente como para que nos introdujéramos en el mercado”, recuerda Reinaldo en diálogo con RePro Digital.
La apuesta, cuenta, no fue azarosa: se apoyó en la lectura económica del momento. “Vimos que la situación daba como para que el próximo gobierno hiciera una política orientada al consumo y se incrementara el público objetivo en uno o dos años. Para esto sirve haber tenido formación económica. Abrimos como juguetería con artículos de cotillón y después nos fuimos alejando de la juguetería”, explica el colega, describiendo una evolución que fue acompañando la demanda.
En el inicio, el trabajo fue a pulmón. “Al principio trabajábamos mi esposa y yo con algunos empleados y después los hijos fueron creciendo. Ahora hay dos de ellos que se ocupan, Franco y Juan”, relata con orgullo, en un negocio que se piensa en familia. En retrospectiva, desde su punto de vista, “lo más difícil fue el armado de la estructura de un local, las estanterías y la conexión con proveedores”.
Con más de dos décadas de recorrido en la ciudad, Candombe se consolidó como un comercio reconocido en su rubro. Y, como pasa en muchas empresas familiares, el negocio también fue un escenario de aprendizaje temprano para la generación que venía detrás.
Su hijo Franco, también Contador Público (Tomo 185, Folio 239, CPCEPBA), creció entre globos, pelucas y disfraces. "Mis viejos tenían ganas de poner un negocio. Se dio la idea del cotillón porque acá en La Plata no había muchos y decidieron por ese; desde noviembre del 2002 hasta acá estamos firmes”, relata el profesional, quien tiene fresca en la memoria el momento en el que abrieron al público en calle 5 entre 50 y 51, cuando tenía 9 años.
“Es imposible no mezclar la familia con el negocio. Trabajar en familia tiene la parte linda de la confianza”, asegura el colega. En su caso, es por partida doble: "A la mañana me ocupo del negocio y a la tarde trabajo en el estudio contable con mi papá”.
“Ser contador te da una ventaja competitiva, de estrategia y de planificación”, afirma Franco, lo que le permite tener un control de todos los procesos que se llevan a cabo para que Candombe (ubicada en Diagonal 80 entre las calles 49 y 50 de la capital provincial) funcione de manera eficiente. “Con la carrera entendés muchas más cosas del negocio: desde una compra a un proveedor hasta pagar el impuesto. La contabilidad del negocio la hacemos entre mi viejo y yo desde hace 5 o 6 años para ver bien los números finos".
En el rubro, además, el éxito no depende solo de vender: también exige anticipación. “Para tomar las decisiones hay que ir viendo las modas. Nos ha pasado de comprar mucho stock de un producto y después la tendencia desaparece”, cuenta el profesional sobre los riesgos de apostar a lo efímero. Y agrega otro componente, menos visible pero crucial: “La profesión te da un vocabulario distinto y ética para darle una respuesta con altura al cliente o al proveedor”.
A la hora de sintetizar aprendizajes, ambos coinciden en que emprender requiere respaldo y cintura. Para Reinaldo, “las mayores complicaciones son contar con un capital de respaldo y absorber las idas y vueltas de la rentabilidad”. Franco, en tanto, deja un mensaje para colegas que piensan en dar el salto pero que todavía no se han animado: “Mi consejo para un colega que quiere emprender es analizar brevemente el mercado, no tener miedo y arriesgarse; si tenés miedo nunca vas a saber si hubieses tenido éxito o no”.