Realidad Profesional | Revista del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires y su Caja de Seguridad Social
La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo profesional, pero su uso plantea un desafío central: poder reconstruir y fundamentar el razonamiento que sostiene cada resultado. TRIA propone una metodología para registrar la intervención de la IA, documentar el criterio profesional y mantener la trazabilidad del proceso. En esta nota, una mirada sobre cómo integrar IA al ejercicio profesional sin resignar supervisión ni capacidad de fundamentar las decisiones adoptadas.



La inteligencia artificial ya está en el estudio contable y en la firma de auditoría: redacta informes, analiza documentación, sugiere comparables. El problema no es usarla, sino hacerlo sin poder reconstruir después el razonamiento que sostiene lo que el profesional firmó. Este artículo presenta TRIA (Trazabilidad, Razonamiento, Inteligencia Artificial, Auditoría), una metodología registrada en Argentina que convierte esa reconstrucción en parte constitutiva del trabajo profesional, y su instrumento de diagnóstico asociado, la Matriz Diagnóstica de Madurez Algorítmica (MDMA-TRIA), que permite a cualquier organización saber en qué nivel se encuentra.
La informatización de los registros, la firma digital, el expediente electrónico: cada transformación tecnológica del ejercicio profesional llegó antes de que existiera el marco para gobernarla. La inteligencia artificial no es la excepción, pero presenta una diferencia: esta vez, la velocidad de adopción no da tiempo a esperar. Y las consecuencias de no gobernarla bien son directas, porque afectan la responsabilidad de quien firma.
La pregunta que este artículo busca instalar entre los profesionales en Ciencias Económicas no es si la IA va a llegar al estudio. Ya llegó. La pregunta es qué hacemos con ella ahora que ya está entre nosotros.
Un sistema de IA generativa recibe un input, ejecuta un proceso que el profesional no puede observar, y entrega un output. Eso funciona sin fricción en tareas de bajo riesgo. Pero cuando ese output alimenta un dictamen, un estudio de precios de transferencia o una declaración jurada, aparecen tres tensiones concretas:
El problema no es la IA. Es la IA sin trazabilidad. La diferencia entre un sistema que asiste al profesional y uno que lo expone no está en la sofisticación del modelo: está en quién puede reconstruir el razonamiento y rendir cuentas por él.
TRIA (Trazabilidad, Razonamiento, Inteligencia Artificial, Auditoría) es una metodología registrada en Argentina ante la Dirección Nacional del Derecho de Autor (Legajo DNDA N.º RL-2026-46255181) para integrar sistemas de IA en el trabajo profesional sin ceder la supervisión que la norma exige mantener. Su premisa: ningún output de IA se incorpora a un expediente sin que el profesional pueda reconstruir el razonamiento que lo sustenta y hacerse responsable de él.
Opera sobre cuatro componentes que, juntos, producen una Ventana de Control -el registro auditable de toda intervención algorítmica-:
Un equipo profesional usa IA para asistir el análisis funcional de una operación intercompany y la búsqueda preliminar de comparables. El sistema propone una clasificación funcional y sugiere diez comparables. El profesional detecta que el sistema omitió un riesgo cambiario que la empresa sí asume contractualmente, lo corrige y presenta el estudio.
Sin TRIA, si la autoridad tributaria cuestiona la clasificación seis meses después, no hay forma de reconstruir qué produjo el sistema y qué decidió el profesional. La posición es difícil de defender no porque sea incorrecta, sino porque su razonamiento no es reconstruible.
Con TRIA, el expediente registra el output original, la corrección con su fundamento contractual, y los criterios que descartaron cuatro de los diez comparables. El resultado fiscal es el mismo. La capacidad de sostenerlo ante una inspección es radicalmente distinta.
No todos los estudios ni todas las organizaciones parten del mismo punto. Algunas ya documentan sus intervenciones de IA; otras ni siquiera saben que deberían. Para eso existe MDMA-TRIA (Matriz de Diagnóstico de Madurez Algorítmica), instrumento de ocho dimensiones registrado ante la DNDA (Legajo N.º RL-2026-68594813-APN-DNDA#MJ) que ubica a una organización en tres niveles posibles:
El diagnóstico no es un fin en sí mismo: es el primer paso para planificar, con datos concretos, el camino hacia una implementación auditable.
Ningún marco normativo argentino obliga hoy a documentar el uso de IA con este nivel de detalle. Eso no es una razón para esperar, sino el motivo para anticiparse. La Resolución SIGEN 197/2026 y la normativa de trazabilidad tributaria ya apuntan en esta dirección; ISO/IEC 42001 y el Reglamento europeo de IA muestran el mismo patrón fuera de Argentina. La convergencia es clara: documentación, trazabilidad y rendición de cuentas. Lo que falta en todos los casos es el procedimiento operativo para llevar estos principios a la práctica. Eso es lo que provee TRIA.
La supervisión escéptica sustantiva —verificar activamente cada output contra la norma, los hechos y el criterio propio, sin aceptarlo ni rechazarlo a priori— no es desconfianza en la herramienta. Es lo que distingue al profesional que la aprovecha del que la padece. Y es, en definitiva, lo que sostiene la firma al pie del dictamen. La automatización sin trazabilidad no es modernización. Es riesgo diferido.
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