Analizar una empresa que cotiza en bolsa es mucho más que mirar su balance y calcular ratios. Antes de llegar a las cifras, hay que entender cómo gana dinero, en qué sector opera, quién la controla y qué factores económicos pueden favorecerla o perjudicarla. El balance no explica por sí solo a la empresa: es el negocio el que permite entender el balance. Aquí, el Dr. Fernando Del Puerto propone un recorrido por las principales variables del análisis fundamental y las herramientas que permiten interpretar una compañía más allá de sus estados contables.

ARTÍCULO PUBLICADO EL 2026-09-18
Edición N. 153 - Septiembre / Octubre 2026

NOTAS DE AUTOR

Dr. Fernando del Puerto Dr. Fernando del Puerto Contador Público (Tomo 172, Folio 96)
y Licenciado en Economía (Tomo 2, Folio 244),
Consejo Profesional de Ciencias Económicas
de la Provincia de Buenos Aires.
Magíster en Finanzas (UCEMA).
Especialista en Finanzas,
Portfolio Management e IA Aplicada.

Existe una tentación frecuente al analizar una compañía que cotiza en bolsa: abrir el estado de resultados, calcular márgenes, comparar contra el ejercicio anterior y extraer una conclusión. El diagnóstico suele resultar prolijo en la forma y frágil en el fondo.
El análisis de balances es, en rigor, un capítulo dentro de un bloque mayor: el análisis fundamental. Y ese bloque impone una condición previa: si no se comprenden el entorno en el que la empresa opera, la actividad a la que se dedica y el grupo económico que la controla, las cifras no pueden interpretarse correctamente. Los estados contables no explican el negocio; es el negocio el que explica los estados contables.
La premisa vale para la decisión de inversión y para el análisis de riesgo crediticio. En ambos casos la pregunta inicial es la misma: ¿a qué se dedica esta empresa y cómo gana dinero?

 

Qué mirar antes de llegar al balance

El enfoque sugerido es descendente: se parte del contexto internacional, se continúa por la economía local, se examinan el sector, la empresa y su grupo de control, y recién al final se ingresa al balance.
En el plano internacional interesan los hechos que ya ocurren y los que podrían ocurrir, en tanto constituyan una oportunidad o una amenaza para el sector: el sendero de la política monetaria de la Reserva Federal, la evolución de precios de los commodities, los conflictos geopolíticos que presionan el precio de la energía, los esquemas arancelarios —el aluminio es el caso testigo— o la demanda de China y de Brasil. Un mismo hecho puede favorecer a una petrolera y perjudicar a una industria intensiva en energía.

En el plano local, las variables que condicionan la valuación de acciones y obligaciones negociables son conocidas: tipo de cambio, reservas, inflación, perfil de vencimientos y calificación crediticia soberana. La baja del riesgo país no es un dato anecdótico: modifica la tasa a la que el mercado descuenta los flujos de fondos futuros.
La recopilación previa es una etapa habitualmente subestimada. El INDEC ofrece insumos de acceso libre y alto valor analítico: el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI), que compara cada rama contra la media; el EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica), más abarcativo por incorporar servicios y energía, que funciona como proxy del nivel de actividad; y la utilización de la capacidad instalada, que muestra qué sectores traccionan y cuáles quedan rezagados.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) sistematiza las proyecciones de un conjunto amplio de analistas sobre inflación, tasas y tipo de cambio. Se actualiza mes a mes: es un insumo para construir escenarios, no una certeza sobre la cual apoyar una valuación. A ello se suman los estados contables presentados ante la Comisión Nacional de Valores y las presentaciones de resultados que publican las emisoras, con frecuencia más claras que el propio balance.
Identificar al grupo económico también forma parte del análisis. El control suele asociarse a una tenencia superior al cincuenta por ciento del capital, pero puede derivar de acuerdos de votos, de la designación de directores o de la conducción efectiva de la gestión financiera; las participaciones en partes iguales pueden configurar control conjunto cuando existe un acuerdo que exige decisiones compartidas sobre las políticas relevantes. Corresponde distinguir tres figuras —controlante-controlada, participación con influencia significativa y sociedades vinculadas por un mismo grupo de control—, cada una con efectos sobre la consolidación, sobre el resultado por participación en sociedades y sobre la lectura del riesgo.

Leer los estados contables con método, desde el contexto hasta las cifras, es la base para construir un análisis fundamental sólido.
La baja del riesgo país no es un dato anecdótico: modifica la tasa a la que el mercado descuenta los flujos de fondos futuros.

Del resultado operativo al EBITDA

La situación económica se examina a través del estado de resultados, que conviene leer en dos bloques. El primero es el operativo: muestra el desempeño de la actividad principal y culmina en el resultado operativo. El segundo reúne partidas que no necesariamente se vinculan con ella: diferencias de cambio, resultado por participación en subsidiarias, intereses del endeudamiento bancario, RECPAM —Resultado por Exposición al Cambio en el Poder Adquisitivo de la Moneda—, Impuesto a las Ganancias y operaciones discontinuadas.
De allí una advertencia central: el resultado final puede estar fuertemente distorsionado. Por eso el PER —Precio sobre Utilidad— pierde precisión en el mercado argentino, donde esas distorsiones son la regla antes que la excepción. El múltiplo Enterprise Value sobre EBITDA resulta más fino para comparar empresas de un mismo sector.
El EBITDA se construye devolviendo al resultado operativo los conceptos imputados sin movimiento de fondos: amortizaciones y depreciaciones de bienes de uso, intangibles, propiedades de inversión y activos por derecho de uso. Su virtud es transformar una medida contable en una aproximación financiera, estandarizada y comparable. Muchas emisoras publican además conciliaciones hacia un EBITDA ajustado, que depura partidas no recurrentes del tramo operativo.

 

Más allá del crecimiento nominal

Las NIIF (Normas Internacionales de Información Financiera) admiten que la contabilidad se gestione en la moneda del entorno económico principal en el que opera la entidad —habitualmente el dólar—, aun cuando la presentación deba efectuarse en moneda local: una alternativa razonable para exportadoras, productoras de commodities o compañías con subsidiarias en el exterior. La consecuencia es relevante: la empresa con moneda funcional distinta del peso no queda expuesta del mismo modo al mecanismo de reexpresión por inflación en moneda local, mientras que aquellas cuya moneda funcional es el peso suelen exhibir RECPAM en su estado de resultados. Verificarlo en las notas o en el estado de flujos de efectivo es condición previa para cualquier comparación.

Ningún indicador reemplaza la comprensión del modelo de negocio: una compañía puede exhibir buenos números y carecer de un esquema que se sostenga en el tiempo.

De allí que el análisis de ventas no pueda limitarse a la variación porcentual. Un incremento del cuarenta por ciento en los ingresos puede responder a mayores cantidades, a precios más altos, a una actualización tarifaria, a la suba de un commodity o, sencillamente, al deslizamiento del tipo de cambio. Descomponer precio, cantidad y tipo de cambio, y hacerlo por segmento, separa una lectura profesional de una ingenua: no todo aumento de facturación incrementa el valor intrínseco.
La información por segmentos permite observar qué línea de negocio aporta ventas, resultados y márgenes, y cómo evoluciona cada una. Es, probablemente, la nota de mayor valor analítico. Los Otros Resultados Integrales (ORI) operan como una prolongación del estado de resultados e incluyen partidas no realizadas —revalúos técnicos, diferencias de conversión, cuestiones actuariales— que por prudencia no transitan el resultado del ejercicio. Conviene no confundir la ganancia del ejercicio con la ganancia integral: el análisis del desempeño cierra en la primera. La valuación a valor razonable, por último, admite una jerarquía de niveles; el tercero habilita técnicas como el descuento de flujos futuros a una tasa de mercado, con la discrecionalidad que ello supone.
 

La empresa detrás de los indicadores

Lo económico, lo financiero y lo patrimonial no se estudian por separado: se conjugan de manera permanente. El estado de flujo de efectivo explica la variación de caja mediante las actividades operativas, de inversión y de financiación. Junto a él conviven otros modelos: el free cash flow, que parte del resultado operativo neto de impuesto, contempla la variación del capital de trabajo y resta el CAPEX (inversiones de capital), sin movimientos financieros, y el equity cash Jow, que incorpora el servicio de la deuda y expone lo que queda para el accionista.

Los ratios y los indicadores aportan información valiosa, pero solo adquieren sentido cuando se los analiza dentro del contexto, el sector y el modelo de negocio de la empresa.

En el plano patrimonial hay indicadores que no deberían faltar: reservas líquidas —caja, equivalentes e inversiones financieras—, liquidez corriente, deuda financiera neta —deuda de corto y largo plazo menos disponibilidades—, su relación con el EBITDA y la cobertura del EBITDA sobre intereses. Como referencia extendida, una deuda financiera neta inferior a tres veces el EBITDA resulta manejable.
Ningún indicador reemplaza la comprensión del modelo de negocio: una compañía puede exhibir buenos números y carecer de un esquema que se sostenga en el tiempo. El sector de petróleo y gas resulta ilustrativo. Una empresa integrada —que explora, extrae, acondiciona, transporta, refina y comercializa— difiere de un productor que sólo abastece la primera etapa de la cadena, aún cuando ambos operen sobre el mismo yacimiento.
Analizar un proyecto de escala exige preguntas específicas: cuándo se concreta, cómo se monetiza, qué EBITDA incremental genera y con qué fuentes se financia. Y exige métricas sectoriales, como el lifting cost: el costo de extraer un barril una vez perforado y fracturado el pozo, que no incluye regalías ni amortizaciones y no debe confundirse con el costo de ventas.
El criterio subyacente es el que popularizó Warren Buffett: importa menos lo que la empresa gana hoy que su capacidad de seguir generando beneficios mañana. Esa capacidad depende de una ventaja competitiva sostenible, el conjunto de capacidades que protege los rendimientos frente a la competencia y evita la convergencia hacia la media del sector.
Corresponde señalar que el análisis técnico de una compañía no constituye, por sí mismo, una recomendación de inversión. El asesoramiento profesional sobre valores negociables se encuentra reglado y requiere, cuando corresponde, inscripción ante la Comisión Nacional de Valores.
Hecha la salvedad, queda la idea central. El análisis fundamental no busca sustituir el criterio del profesional por el de un tercero, sino formarlo. Leer un balance con método —del contexto al negocio y del negocio a las cifras— es una competencia al alcance del matriculado, y una de las que más valor agregan en el ejercicio profesional contemporáneo.

PARA AMPLIAR

1. INDEC Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE)
2. BCRA Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM)
3. CNV Información financiera de emisoras
4. IFRS Foundation Normas NIIF

Los contenidos que se publican son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no expresan necesariamente el pensamiento de los editores.


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