Realidad Profesional | Revista del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires y su Caja de Seguridad Social
¿Qué pasaría si la tecnología permitiera resolver en cinco horas tareas que hoy demandan cuarenta? Esa hipótesis resume uno de los debates de Rise2040, una iniciativa internacional que analiza el futuro de la contabilidad y las finanzas. A partir de la participación de más de 6.000 profesionales, el proyecto identifica tendencias vinculadas con la automatización, los cambios en el trabajo y la creciente importancia del pensamiento crítico. En esta nota, repasamos sus principales hallazgos, las herramientas que propone para prepararse y cómo estas transformaciones podrían redefinir el aporte de los profesionales en Ciencias Económicas.
¿Cuáles de las tareas que hoy ocupan horas de trabajo seguirán siendo necesarias en 2040? Esa pregunta atraviesa Rise2040, una iniciativa internacional que invita a pensar el futuro de la contabilidad y las finanzas sin esperar que la tecnología marque el rumbo.
El proyecto fue presentado en junio de 2026 por el Instituto Estadounidense de Contadores Públicos Certificados (AICPA) y el Instituto Colegiado de Contadores de Gestión (CIMA), entidades fundadoras de la Asociación Internacional de Contadores Profesionales Certificados. Reunió las perspectivas de más de 6.000 profesionales de 25 países mediante encuestas, entrevistas y talleres.
La iniciativa no busca ofrecer una predicción cerrada sobre 2040. Combina un informe, herramientas de consulta y propuestas para transformar tendencias en acciones. La cuestión de fondo es: cuando la tecnología pueda resolver una parte creciente de las tareas habituales, ¿dónde estará el aporte diferencial del profesional en Ciencias Económicas?
Rise2040 identifica cinco factores conectados entre sí: tecnología e infraestructura de datos; transformación en la manera de generar valor; cambios en el talento y el empleo; regulación y confianza; y nuevas expectativas de empresas y sociedad. Automatizar un proceso, por ejemplo, también modifica qué competencias se necesitan, cómo se organiza un equipo y quién responde por la información.
La inteligencia artificial ocupa un lugar central, pero el estudio va más allá de ella. Los participantes advierten que el trabajo basado principalmente en registrar operaciones y explicar resultados pasados tenderá a convivir con una demanda creciente de análisis, previsión y asesoramiento. Rise2040 sintetiza ese desplazamiento en la figura del asesor anticipatorio: alguien capaz de utilizar información disponible para detectar riesgos, reconocer oportunidades y ayudar a decidir antes de que un problema se materialice.
También aparece un desafío menos visible: la formación. Si los procesos iniciales y repetitivos se automatizan, los estudios y las organizaciones deberán encontrar nuevas formas de enseñar a quienes recién comienzan. La experiencia ya no podrá depender solamente de aprender realizando tareas mecánicas: también habrá que crear espacios para comprender los resultados, revisar excepciones y fundamentar decisiones.
Uno de los hallazgos de las conversaciones internacionales resulta especialmente incómodo. Entre las amenazas destacadas apareció la resistencia al cambio dentro de las propias organizaciones. Incorporar herramientas sin revisar hábitos y servicios puede dejar intactos los problemas que se buscaba resolver.
Pensemos en un estudio contable que automatiza la carga de comprobantes, pero mantiene todas las decisiones concentradas en una persona. Puede ahorrar horas de procesamiento y, aun así, seguir trabajando bajo la misma lógica de urgencias. La mejora tecnológica no garantiza una mejor organización: hay que decidir para qué usar el tiempo recuperado.
El cambio también afecta a la confianza, otro eje del informe. En un entorno donde abundan datos y respuestas generadas automáticamente, no alcanza con acceder rápido a la información. Es necesario evaluar su origen, detectar errores, interpretar límites y determinar si una conclusión resulta aplicable a un caso concreto. Por eso, la ética y la responsabilidad siguen siendo esenciales.
Un cliente puede obtener en segundos una respuesta sobre un impuesto o un indicador financiero. Pero esa respuesta no necesariamente contempla su situación, los riesgos de implementarla ni las consecuencias de una decisión. Ahí cobran importancia capacidades que el proyecto también destaca: pensamiento crítico, comunicación, escucha y conocimiento de las necesidades de quien consulta. La tecnología puede producir respuestas, pero saber qué preguntar sigue siendo decisivo.
Daniel Burrus, asesor de Rise2040, propuso una comparación provocadora: si en el horizonte de 2040 fuera posible realizar en cinco horas trabajos que hoy demandan cuarenta, ¿qué haríamos con las treinta y cinco restantes? No es un cálculo de productividad garantizada, sino una hipótesis para discutir cómo aprovechar el cambio.
Una opción sería procesar más operaciones sin modificar el servicio. Otra, dedicar parte del tiempo recuperado a trabajos relegados por las urgencias: analizar escenarios, advertir desvíos, revisar costos o conversar con el cliente sobre decisiones futuras.
En un estudio, por ejemplo, automatizar conciliaciones podría liberar espacio para examinar tendencias de liquidez y anticipar dificultades de financiamiento. En una empresa, la integración de datos contables y comerciales podría permitir evaluar cómo impactaría una variación de costos sobre los márgenes. En el asesoramiento tributario, sistematizar controles puede facilitar la detección temprana de inconsistencias antes de que se conviertan en contingencias. Son aplicaciones posibles, no resultados garantizados.
El cambio tampoco será igual para un estudio independiente, una organización de gran tamaño o quien recién comienza su carrera: las posibilidades de inversión, capacitación y acceso a datos son diferentes. Por eso, el objetivo no debería ser automatizar por automatizar, sino identificar qué procesos conviene mejorar y qué capacidad se busca desarrollar con el tiempo liberado.
Nada de esto supone abandonar los conocimientos técnicos. Al contrario: cuanto más automatizada esté la producción de información, más importante será reconocer cuándo un dato es incorrecto, cuándo una interpretación necesita revisión y cuándo una recomendación exige prudencia. La herramienta acelera procesos, pero no elimina responsabilidades
La metodología utilizada por Burrus distingue entre tendencias difíciles de revertir y otras cuyo rumbo depende, en mayor medida, de decisiones. El avance de la inteligencia artificial y la expansión de los datos son transformaciones que ya están ocurriendo. La forma en que cada profesional, estudio u organización responda a ellas, en cambio, no está predeterminada.
Anticiparse puede empezar con preguntas concretas: ¿qué tareas del estudio se repiten todos los meses y podrían simplificarse? ¿Qué información tenemos pero casi no analizamos? ¿Qué servicio demandarán los clientes si una parte del cumplimiento formal se vuelve más accesible? ¿Qué habilidades necesita desarrollar hoy alguien que ejercerá dentro de diez años?
Rise2040 intenta facilitar ese paso de las preguntas a la acción. Además del informe, ofrece Rise Navigator, una herramienta con inteligencia artificial para explorar los hallazgos y las tendencias identificadas; guías de conversación; evaluaciones para reconocer qué tan preparados están los profesionales y las organizaciones; y un plan de acción de 90 días. Son recursos orientativos para empezar a definir prioridades, no recetas aplicables a cualquier situación.
La iniciativa tiene antecedentes. En 1997, el CPA Vision Project reunió a más de 3.000 contadores estadounidenses para pensar el rumbo de la profesión. En 2011, CPA Horizons 2025 retomó ese ejercicio y destacó, entre otras capacidades, el pensamiento crítico, la formación continua y la necesidad de transformar información en conocimiento útil. Rise2040 amplía ahora la conversación al plano internacional y, a diferencia de aquellos proyectos, se propone continuar actualizando sus análisis y herramientas.
Nadie puede saber con exactitud cómo será el trabajo en 2040. Pero es posible reconocer tendencias y prepararse antes de que cada cambio se vuelva urgente. Ahí está, quizás, el mayor aporte de Rise2040: no decirle al profesional cómo será su futuro, sino ayudarlo a decidir qué capacidades desarrollar hoy y qué valor quiere estar preparado para ofrecer mañana.
