Innovar no siempre significa crear algo completamente nuevo; también puede implicar mejorar procesos existentes, combinar tecnologías y capacidades de una manera diferente o incorporar conocimientos externos para resolver problemas concretos. En un contexto atravesado por cambios tecnológicos y organizacionales, esta capacidad se vuelve cada vez más relevante para los profesionales de Ciencias Económicas. En esta nota, los autores analizan distintos tipos y modelos de innovación, el valor de anticiparse a las tendencias y las herramientas disponibles para que contadores, administradores y economistas asuman un rol más estratégico frente al cambio.

ARTÍCULO PUBLICADO EL 2026-10-30
Edición N. 153 - Septiembre / Octubre 2026

NOTAS DE AUTOR




Dr. Leonardo Cuesta
Contador Público (Tomo 121, Folio 47,
Consejo Profesional de Ciencias Económicas
de la Provincia de Buenos Aires).
Especialista en Gestión Tecnológica e Innovación.



Ing. Miguel Guagliano
Especialista en Gestión Tecnológica
y Vigilancia Tecnológica
e Inteligencia Estratégica.


* Este artículo se desprende de una capacitación llevada a cabo por el Instituto de Postgrado
e Investigación Técnica (IPIT) de nuestro Consejo Profesional. Consulte al IPIT acerca
de la disponibilidad de sus cursos en internet
o por nuevas ediciones de esta formación.

En un contexto caracterizado por acelerados cambios tecnológicos, económicos y organizacionales, la innovación se ha convertido en un factor clave para la adaptación, sostenibilidad y crecimiento de las organizaciones, así como para el desarrollo de los profesionales de las Ciencias Económicas.  
Actualmente, no solo las empresas industriales o tecnológicas innovan, sino también los servicios profesionales, incorporando nuevas herramientas, modelos de gestión, procesos digitales y formas de generar valor para sus clientes y sus entornos de trabajo.
La innovación implica la capacidad de identificar oportunidades, anticiparse a los cambios y desarrollar soluciones que permitan mejorar productos, servicios, procesos, modelos organizacionales y de negocios.
La invención es la creación de algo totalmente nuevo que no existía antes; también puede tratarse de una idea, un nuevo producto o proceso, mientras que la innovación es la aplicación de ese invento para que la sociedad lo use, resuelva una necesidad real y llegue con éxito al mercado. Algunas veces, invención e innovación están íntimamente ligadas; sin embargo, en otros casos hay una brecha considerable de tiempo entre ambas.
Según el manual de Oslo editado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Comunidad Económica Europea (CEE), existen cuatro tipos de innovaciones;

  1. Innovación de producto: nuevo producto o mejora significativa de las características técnicas, de los componentes y de los materiales, de la informática integrada, de la facilidad de uso u otras características funcionales;
  2. Innovación de proceso: introducción de un nuevo o significativamente mejorado proceso de producción o distribución. Ello implica cambios significativos en las técnicas, los materiales y/o los programas informáticos;
  3. Innovación de mercadotecnia: aplicación de un nuevo método de comercialización que implique cambios significativos del diseño o en el envasado de un producto, su posicionamiento y/o los programas informáticos;
  4. Innovación de organización: introducción de un nuevo método organizativo en las prácticas, la organización de un lugar de trabajo o las relaciones exteriores de la empresa.

De acuerdo con Schumpeter, la economía tiende a un flujo circular estático donde todo es predecible. El emprendedor es quien rompe este equilibrio al asumir la incertidumbre y llegar antes que nadie con una innovación. Por lo tanto, el proceso de innovación contiene tres aspectos importantes: en primer término, la incertidumbre inherente a todo proceso de innovación; luego, la necesidad de moverse rápidamente antes de que otro emprendedor o empresa lo haga, para capturar la potencial recompensa económica; y, por último, la resistencia al cambio. El pionero debe luchar contra la inercia social, la resistencia de los consumidores y la falta de canales de suministro idóneos.

Ser el pionero tiene consecuencias profundas en la estructura del mercado. El premio por llegar primero y resolver con éxito la incertidumbre es obtener un beneficio económico extraordinario. Al no tener competencia directa, el primer entrante disfruta de una posición de monopolio temporal. Al llegar en primer lugar, desata la destrucción creativa. Su éxito destruye las ventajas competitivas de las empresas viejas y obsoletas, forzando la evolución de toda la industria.
Al demostrar que la innovación es viable, el pionero elimina la incertidumbre para los demás. Esto atrae a un “enjambre” de imitadores que copian la nueva combinación. La llegada masiva de competidores aumenta la producción, reduce los precios y erosiona el beneficio extraordinario del pionero, haciendo que el mercado vuelva a estabilizarse en un nuevo equilibrio hasta que otro pionero decide arriesgarse una vez más.

 

De mejorar lo existente a crear nuevas combinaciones

La teoría de la innovación clasifica los cambios según su grado de novedad y su impacto en el mercado. Las dos categorías principales son las de innovación incremental e innovación radical.
La primera consiste en realizar mejoras graduales, sucesivas o pequeñas modificaciones a productos, servicios o procesos ya existentes. En este caso el objetivo es optimizar las prestaciones actuales, reducir costos o aumentar la satisfacción del cliente sin alterar la base conceptual del producto. Si bien abundan los ejemplos, podemos mencionar las nuevas versiones de los sistemas operativos, la adición de cámaras múltiples o las mejores baterías a los teléfonos celulares, entre otros.

La innovación no siempre nace de inventar algo desde cero. Muchas veces surge de combinar tecnologías, capacidades y experiencias que ya existen para resolver de otra manera una necesidad concreta.

Por su parte, la innovación radical introduce una tecnología, un producto o un modelo de negocio totalmente nuevo que rompe con lo anterior y crea una categoría o un mercado que antes no existía. En las innovaciones radicales el objetivo se centra en transformar por completo una industria mediante una propuesta de valor revolucionaria. Entre los casos más representativos tenemos a la internet, el teléfono inteligente, el horno microondas o las plataformas como Amazon o Netflix.
La apertura hacia nuevas ideas y soluciones es considerado esencial en los proyectos de innovación, especialmente en las etapas tempranas. La razón principal está dada por el hecho de que una innovación consiste en una combinación novedosa de ideas existentes, capacidades, tecnologías, herramientas y recursos, entre otros.
Este fenómeno se conoce formalmente como innovación recombinante (o evolución combinatoria). La aplicación Waze revolucionó la navegación urbana; sin embargo, ninguno de sus componentes era nuevo: el teléfono inteligente, la tecnología GPS, los mapas digitales, las redes móviles y el concepto de red social ya existían. El caso de Waze permite entender de forma sencilla este concepto. La innovación radical consistió en combinar todos estos elementos por primera vez para que los conductores compartieran información sobre el tráfico en tiempo real.
La innovación abierta es un modelo de gestión que empezaron a implementar las empresas para complementar las ideas propuestas por sus propios departamentos de investigación y desarrollo (I+D) con aportes de agentes externos —startups, universidades, centros tecnológicos, clientes o la comunidad— para crear nuevos productos, servicios o modelos de negocios.

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El premio por llegar primero y resolver con éxito la incertidumbre es obtener un beneficio económico extraordinario.
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La innovación también puede expresarse en la modernización de procesos cotidianos: incorporar tecnología, reorganizar tareas y aprovechar mejor la información permite transformar la manera de trabajar sin necesidad de inventar algo desde cero.

Por otra parte, el Modelo COTEC (propuesto por la Fundación COTEC para la Innovación), concibe la gestión de la innovación como un proceso continuo y sistémico estructurado en cinco fases fundamentales:

  1. Vigilar: explorar e investigar el entorno para identificar señales, tendencias, amenazas y oportunidades tecnológicas, económicas y de mercado;
  2. Focalizar: definir una estrategia clara, seleccionando las áreas o proyectos prioritarios sobre los cuales se concentrarán los recursos;
  3. Capacitarse: adquirir o desarrollar los conocimientos, tecnologías, habilidades y recursos necesarios para llevar a cabo la solución innovadora;
  4. Implantar: ejecutar la innovación desde la fase de idea o prototipo hasta su comercialización, lanzamiento o puesta en marcha operativa en el mercado o en la organización;
  5. Aprender: evaluar las experiencias y los resultados (tanto éxitos como fracasos) para capitalizar el aprendizaje organizacional y alimentar futuros ciclos de innovación.

 

De adaptarse al cambio a liderarlo

En un entorno dinámico y de mucha incertidumbre, la innovación deja de ser una opción accesoria para convertirse en una competencia profesional indispensable en las Ciencias Económicas. Comprender en qué innovar no implica necesariamente inventar algo totalmente nuevo, sino también combinar capacidades y tecnologías existentes para resolver problemas reales de manera novedosa y con adopción por parte del mercado. Esto permite a los profesionales asumir un rol activo de liderazgo.

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Comprender en qué innovar no implica necesariamente inventar algo totalmente nuevo, sino también combinar capacidades y tecnologías existentes para resolver problemas reales de manera novedosa y con adopción por parte del mercado.
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Frente a este escenario, resulta fundamental que los profesionales incorporen una mirada estratégica orientada a la mejora continua, la adaptación y la detección temprana de tendencias y oportunidades. Para ello, existen enfoques y herramientas que facilitan el monitoreo del entorno, el análisis de cambios tecnológicos y organizacionales, y la identificación de señales relevantes para la toma de decisiones.
Adoptar modelos estructurados de gestión de la innovación y mantener una mirada estratégica orientada a la adaptación continua garantizarán que los contadores, administradores y economistas no sólo respondan a las exigencias del contexto digital, sino que se posicionen como catalizadores clave de valor, sostenibilidad y transformación para las organizaciones y la sociedad.
La economía global de hoy se caracteriza por una velocidad de cambio sin precedentes, impulsada en gran medida por la innovación tecnológica, desde la inteligencia artificial y el blockchain hasta la automatización robótica de procesos y el análisis de Big Data. En este escenario dinámico, el profesional de Ciencias Económicas, y en particular el Contador Público, el Licenciado en Administración y el Licenciado en Economía, se enfrenta al desafío y la oportunidad de transformar su rol en un asesor estratégico y proactivo, capaz de guiar a empresas y clientes a través de la complejidad digital.

BIBLIOGRAFÍA

1. González Sabater, J. (2009). Manual de transferencia de tecnología y conocimiento (1.ª ed.). Alicante.
2. Schumpeter, J. (1911). Teoría del desenvolvimiento económico. Fondo de Cultura Económica.
3. Chesbrough, H. (2006). Innovación abierta. Harvard Business Review Press.

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Ciencias Económicas, inteligencia artificial, economía, estrategia, emprendedores, automatización, Innovación, mercado, cambio, transformación, innovación incremental, innovación radical,
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