Los tres profesionales que protagonizan esta nota provienen de distintas regiones de nuestra provincia; los tres alcanzaron 50 años en la matrícula del Consejo y los tres están jubilados en la Caja; pero se mantienen tan activos laboralmente que ubicarlos para realizar las entrevistas nos hizo pensar en que quizás debiéramos llamarlos el feriado del 1 de mayo. Gracias a su comprensión no fue necesario y merced a sus historias surgieron párrafos cuya lectura, lejos de costar trabajo, representa un ingreso personal.

Honestidad:

Un anillo de brillantes de caja chica para la esposa del ministro 

La Dra. Susana González al recibir su diploma en la Universidad Nacional de La Plata
En la época de los militares era tremendo lo que hacían. Recuerdo que quisieron hacer pasar por gastos de caja chica la compra de un anillo de brillantes para la esposa del Ministro de Obras Públicas

La Dra. Susana González (La Plata) comenzó a trabajar desde muy joven. “Mi primer empleo fue en el Instituto de Previsión Social, tenía 18 años recién cumplidos; hacía liquidaciones de jubilaciones”, recuerda con precisión y aclara que a los seis meses ingresó por concurso al Ministerio de Economía, a la Dirección de Administración, donde fue elegida entre 300 postulantes. Poco después pasó a la Contaduría General de la Provincia, de donde luego se retiró.
“Estaba estudiando en la Facultad. Siempre trabajé y estudié. Todo era nuevo, toda la parte de la administración era linda, todo era alegría”, resume la Dra. González y agrega: “El hecho de trabajar y ganar unos pesos era importante. El dinero se lo daba íntegramente a mi mamá y para ganar unos pesos extra le llevaba impuestos sencillos, como ingresos brutos, a algunos clientes”.

Esa austeridad la aplicó a su vida laboral, especialmente al ingresar en Contaduría de la Provincia. “Fueron años de muchas enseñanzas; estuve mucho tiempo trabajando en el control de los gastos y allí viví la deshonestidad de los funcionarios”, alega y narra con elocuencia: “En la época de los militares era tremendo lo que hacían. Recuerdo que quisieron hacer pasar por gastos de caja chica la compra de un anillo de brillantes para la esposa del Ministro de Obras Públicas”. La Dra. González no autorizó aquella compra. “Eso me marcó y luego cuando había que hacer arqueos integrales me mandaban a mi porque sabían que no dejaba pasar nada”, asegura.

La colega desarrolló también su actividad de manera independiente y además fue síndico. En la parte pública hay que tener en cuenta el presupuesto, los gastos y controlar. No embarcarse en cosas que sean deshonestas; en el ámbito privado aplicar la ley como corresponde y que los clientes cumplan; en cuanto a la sindicatura, el problema es que debe mejorar la justicia y que los jueces sean más honestos”, concluye.

Solidaridad:

Un fondo común en el estudio a repartir entre todos 

El Dr. Raúl Alfredo Lenzetti, activo en su estudio de Mar del Plata

Luego de graduarse en la Universidad Nacional de La Plata, el Dr. Raúl Alfredo Lenzetti (Dlg. Gral. Pueyrredon) regresó a su Mar del Plata natal y junto a 5 amigos, todos profesionales en Ciencias Económicas decidieron crear un estudio para trabajar en forma independiente bajo una organización muy particular: “Repartíamos todo lo que entraba en un pozo común, incluso los ingresos que provenían de la docencia que ejercíamos”, explica el Dr. Lenzetti y aclara que no repartíamos por partes iguales sino en función de las necesidades: los que tenían un hijo tenían más necesidades que los solteros y los retiros entonces eran distintos”.

El colega describe la modalidad con orgullo: “Los cinco nos anotamos para hacer pericias. Todo lo que viniera de la profesión era bienvenido. Todo lo que se cobraba entraba a la caja del estudio y si uno necesitaba un retiro mayor se lo llevaba”.

Si bien aclara que “eso se puede hacer en determinada edad, justamente porque éramos jóvenes y cuando uno es joven se despoja de ciertos egoísmos”, comenta que ese criterio solidario con el que nació su estudio se sostiene hasta la actualidad.

“Los dos socios que quedamos seguimos sosteniendo el sistema solidario y los ingresos de los clientes comunes siguen siendo del estudio y son distribuidos de la misma manera”, explica el Dr. Lenzetti, a cargo del estudio junto a su socio y compañero desde hace 50 años, el Dr. Ricardo González. “Muchos se asombran de nuestro criterio solidario”, confiesa el profesional que fue auditor de nuestra Caja de Seguridad Social y también desplegó una vasta trayectoria en la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Al regresar a dicha ciudad la Universidad Nacional estaba dando sus primeros pasos y junto a sus amigos se acercaron para desarrollar una carrera docente. “Quienes habían sido nuestros profesores en La Plata eran nuestros colegas en Mar del Plata pues viajaban para dar clases al tratarse de una universidad nueva”, recuerda y agrega: “Esos profesores nos enseñaron mucho y el ser docentes del área de auditoría nos ayudó a ganar algún cliente, e incluso a organizar el estudio intercambiando ideas entre todos”.

Repartíamos todo lo que entraba en un pozo común, incluso los ingresos que provenían de la docencia que ejercíamos

Igualdad:

Un hombre luchando por los honorarios de las mujeres

Una de las cosas que me ha dado mucho resultado es trabajar en mi oficina únicamente con mujeres. Mi estudio lo integran 13 mujeres, 5 de ellas colegas, porque cuando la mujer es capaz, es mucho más capaz que el hombre

El Dr. Mario Giacobbe eligió la profesión como consecuencia de ayudar desde muy joven a su padre “que era un indoneo” y llevaba trabajos de contabilidad a su casa. Al termina la escuela se inscribió en la carrera y antes de graduarse ya estaba asociado a un profesional. “Miré a mi padre desde siempre. Cuando era muy chico, recuerdo como si fuera hoy haberlo visto en una reunión de mayores decir que una de las cosas que le agradaban de su hijo era que siguiera con lo que él hacía”, recuerda.

Poco después de recibirse se independizó y erigió un estudio contable que hoy es una sociedad anónima de la que el Dr. Giacobbe es socio mayoritario y Presidente. Allí trabaja junto a un nutrido equipo en todo un piso céntrico de Morón. “Por mes realizamos entre 1.500 y 2.000 liquidaciones de sueldo y 400 liquidaciones de impuestos entre Ganancias y Bienes Personales”, relata.

Curiosamente, las trece personas que conforman su estudio son mujeres. “Una de las cosas que me ha dado mucho resultado es trabajar en mi oficina únicamente con mujeres”, confiesa el colega. “Cuando la mujer es capaz, es mucho más capaz que el hombre”, agrega y sentencia: “Tuve madre, tengo mujer y tengo hijas. Sabiendo que no soy el sexo fuerte, uno se da cuenta de que las fuertes son ellas”.

El Dr. Giacobbe analiza la situación y asegura que “las profesionales tienen una dificultad con relación al medio pues la mayoría de los empresarios son hombres, una dificultad con la que el sexo femenino está luchando, y con esos hombres hay que pelear el honorario y salvo excepciones les cuesta bastante más”. En consecuencia, él toma la bandera: “Quienes trabajan conmigo tienen la tranquilidad de que yo peleo el honorario por ellas mismas”.

Su padre sostenía que la mayoría de las necesidades humanas se solucionan económicamente, entonces tomaba lo económico como la base para el bienestar. “Yo entendí también que, sustentándome económicamente, la mayoría de los problemas eran menos problema”, afirma el Dr. Giacobbe y en honor a dicho razonamiento brega por los honorarios de quienes lo rodean.

Finalmente y a propósito, el contador público graduado en la UBA alega: El pacto del honorario en países inflacionarios como el nuestro exige tener que estar ajustándolos cotidianamente para no deteriorarse. Ese es un aspecto desagradable de la profesión, pero hay que hacerlo”.

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