Edición Nro. 107 - Enero 2019

NOTAS DE AUTOR

Lic. Hernán Satorre Lic. Hernán Satorre Licenciado en Economía

La gestión de una empresa agropecuaria no es sencilla, más bien podríamos decir que fue aumentando en complejidad a lo largo de los años por varios factores que no viene al caso mencionar, pero en base a mi experiencia, hay tres de ellos que fueron claves en los últimos años:

1- El cambio generacional: La incorporación de las nuevas generaciones en las empresas ya funcionando, junto con incorporación de “empresarios/emprendedores” más jóvenes que se animan a armar su propia empresa, ha generado cierto cambio de ritmo en un sector que sigue brindando oportunidades. ¡Atentos! No me refiero únicamente a la incorporación de los futuros dueños que pertenecen a una generación distinta, sino también a los colaboradores o personal que suman su impronta a la empresa, sus procesos, y su dinámica diaria.

2- Las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC´s): Ya es sabido el gran aporte que han hecho distintas Tecnologías, Apps, Software, etc. a la hora de compartir datos, controlar procesos, generar información, y brindar comunicación, y el sector se sigue moviendo en esa línea. Cada vez son más las empresas que buscan la inmediatez y profesionalizar o por lo menos estructurar los datos y también la información.

3- La aparición de nuevas leyes, normativas y regulaciones: Hace unos 30 años las empresas agropecuarias promedio podían funcionar como empresas unipersonales, el dueño era el accionista, director, gerente general y hasta a veces él mismo hacia los trámites del banco o pagaba los cheques. Llevaban los principales números en un “cuadernito” y las principales decisiones se tomaban por instinto o sensaciones, no tenían una oficina, y en muchos casos no tenían personal administrativo full-time. Con los años esto fue cambiando gradualmente, las empresas tuvieron que incorporar personal en su estructura administrativa ya que los procesos se volvieron más complejos y requerían conocimientos específicos que el dueño, en muchos casos, no tenía.  

Los tiempos se han vuelto más “líquidos”, más rápidos, la necesidad de resolver, analizar y tomar decisiones es cada vez más inmediata y en este contexto la información y el conocimiento juegan un rol fundamental.

Cuando hablamos de “gestión” existen una cantidad considerable de procesos que se encuentran estrechamente vinculados entre sí, dependiendo unos de otros en forma más o menos intensa vinculando varios factores, como, por ejemplo: el sistema organizacional de la empresa, su forma de gestionar, el capital humano que desarrolla las actividades, la cantidad y calidad de información que se tiene para trabajar y tomar decisiones, etc.

Los tiempos se han vuelto más “líquidos”, más rápidos, la necesidad de resolver, analizar y tomar decisiones es cada vez más inmediata, y en este contexto la información y el conocimiento juegan un rol fundamental.

Hace poco más de 20 años, en el Siglo XX, las empresas agropecuarias se podían simplificar, analizar y explicar desde 3 ópticas:

1- La gestión de “Costos” (compras, contrataciones y adquisiciones).

2- La gestión “Productiva” (la producción propiamente dicha, es decir, los rendimientos de los productos).

3- La gestión de “Ventas” (comercialización de los productos o servicios generados por la empresa).

Siguen existiendo empresas que ponen todo su foco en la producción, pero luego pierden rentabilidad vendiendo mal o pagando caro los insumos, labores, alquileres, etc.

Muchos de los análisis de las empresas agropecuarias se basaban en estos puntos, pudiendo entender: (i) Cuán bien compra la empresa y su eficiencia en costos, (ii) Cuánto y cuán bien produce la empresa y su eficiencia productiva, y (iii) Cuán bien vende la empresa y su eficiencia comercial.

Siguen existiendo actualmente muchas empresas que ponen todo su foco en la producción, pero luego pierden rentabilidad vendiendo mal su producción (comercialización) o pagando caro los insumos, labores, alquileres, etc. (eficiencia de costos). Por esto es importante trabajar en la visión sistémica de la empresa, no solo poniendo el foco en producir, sino también en otros aspectos que hacen al negocio.

A partir de este siglo, se ha tomado conciencia que esto no alcanza, y se han agregado otros aspectos que hay que considerar a los tres anteriormente mencionados.

Ya no alcanza con analizar la empresa desde el punto de vista económico, también se requiere un análisis desde la óptica financiera y patrimonial, ya que podríamos estar creciendo en recursos propios obteniendo ganancias y no verse reflejado necesariamente en la liquidez de la empresa o en su resultado económico. También es muy importante profundizar la eficiencia impositiva y la complejidad que han tomado estos procesos dentro de la empresa relacionados a las normas y los impuestos en donde una planificación fiscal puede generar incrementos importantes del resultado. 

El desafío pasa a ser la capacidad de generar valor a través del conocimiento y experiencias adquiridas, y para eso se requerirán profesionales competentes y preparados.

Por último, la estructura de endeudamiento de la empresa es un factor importante que genera significativos saltos cualitativos y cuantitativos que vale la pena analizar, especialmente en escenarios de alta inflación y/o movimientos notables en el tipo de cambio.

Lo que estoy transmitiéndoles es que la nueva tendencia no pone tanto el foco en el dato o la información per se, sino más bien, en qué hacemos con el dato o con dicha información. El valor pasa a estar en las personas que generen el contexto para el mejor aprovechamiento y/o enriquecimiento de esa información. Por lo tanto, el desafío pasa a ser la capacidad de generar valor a través del conocimiento y experiencias adquiridas, y para eso se requerirán profesionales competentes y preparados.


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