La Dra. Silvia Susana Pepió (Dlg. Lomas de Zamora) graduada de Contadora Pública y Licenciada en Administración de Empresas alcanzó el beneficio jubilatorio pero optó por hacer uso de la posibilidad que brinda nuestra Caja de continuar con la matrícula activa. Apasionada por la literatura reparte sus días entre el estudio contable que posee, los libros y la escritura. 

Silvia "Pep" Pepió adoptó su sobrenombre desde muy pequeña. “Desde que nací mi papá empezó a llamarme “Pep” porque temía que su apellido no se mantuviera en el tiempo”, afirma la profesional. La intuición es un mensaje que llega desde el futuro: “Luego mi hermano mayor falleció en un accidente y entonces de niña me llamaron Pepió”, relata y agrega: “En el colegio ya me costaba escribir Silvia Susana”.

En Marruecos, donde el gobierno quiere imponer como segunda lengua al español, las escritoras latinas tuvieron un lugar privilegiado y debió abocarse de lleno: “Por unos días me vi obligada a olvidarme del estudio. Hice un esfuerzo porque me acordaba de los vencimientos, de los clientes, del IVA. Mi hija Paula, mi principal asistente, me decía por mensajes que estaba todo bien. Al regresar me enteré que no estaba todo bien, pero agradezco su intención porque la mente de uno no puede estar al mismo tiempo en todas partes”.

 

Edición Nro. 108 - Marzo 2019

NUESTROS JUBILADOS

Nota 17

“Amo la palabra escrita”, afirma una profesional de los números graduada de Contadora Pública y Licenciada en Administración de Empresas. Su nombre en el legajo es Silvia Susana Pepió (Dlg. Lomas de Zamora), pero todos la conocen como la Dra. “Pep” Pepió. Reconocida escritora, alcanzó la jubilación en nuestra Caja pero optó por mantener la matrícula activa para seguir trabajando. “Me da felicidad tener la profesión”, asegura Pepió y agrega “me permite tomarme un día para ejercer la literatura que es lo que amo profundamente”.

La Dra. Pepió adoptó su sobrenombre desde muy pequeña. “Desde que nací mi papá empezó a llamarme “Pep” porque temía que su apellido no se mantuviera en el tiempo”, afirma la profesional. La intuición es un mensaje que llega desde el futuro: “Luego mi hermano mayor falleció en un accidente y entonces de niña me llamaron Pepió”, relata y agrega: “En el colegio ya me costaba escribir Silvia Susana”.

Por entonces tenía entre sus juguetes preferidos un grabador de voz que años después le cambiaría la vida.

Al momento de elegir la carrera universitaria, dejó de lado la agronomía por falta de apoyo familiar y tras dos años de pensarlo bien optó por ingresar a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. “No soy un modelo de contadora por vocación”, aclara consciente la Dra. Pepió quien pronto se sintió atraída por las materias y obtuvo primero la Licenciatura en Administración de Empresas y luego el título de Contador.

“Estuve años sin ejercer hasta que conocí a un contador que era mi jefe en mi empleo de entonces que me convoca a trabajar en su pequeño estudio en Monte Grande”, recuerda gratificada la profesional de la Delegación Lomas de Zamora. “Ético, honesto y agradecido de la vida, me enseñó todo de la carrera, a hacer auditoría y a buscar el error por lo más fácil”, confirma y subraya: “Un buen día me desperté y agradecí que era mi profesión y me daba de comer. Hoy tengo un estudio en Longchamps, trabajo por cuenta propia con mucho sacrificio pero también con mucha libertad porque así como en ocasiones trabajo días enteros sin parar, también puedo tomarme un día para ejercer la literatura que es lo que amo profundamente”.


La palabra que espera

“Cuando yo era chica escuchaba las conversaciones de adultos. Me habían regalado un grabador y las grababa. Era curioso lo que hablaban en las reuniones familiares”, así recuerda la Dra. Pepió sus primeros romances con las palabras. “Como yo no me animaba a decir lo que pensaba, lo escribía en un cuaderno y cuando fui creciendo me di cuenta que siempre me ocurre que si lo hubiera podido escribir lo diría más a mi gusto”.

Como yo no me animaba a decir lo que pensaba, lo escribía en un cuaderno y cuando fui creciendo me di cuenta que siempre me ocurre que si lo hubiera podido escribir lo diría más a mi gusto.

A pesar de que en casa no eran grandes lectores, alentada por docentes en la infancia descubrió su pasión por la literatura. “Amo la palabra escrita, me ayuda mucho a comunicarme”, afirma convencida la profesional en Ciencias Económicas que se reparte entre el estudio contable y su devoción por la escritura.

“Escribo prosa poética, no me atrevo a llamarlo poesía. La poesía es grandiosa. El poeta puede sintetizar tantas cosas. La poesía con la metáfora y el sentimiento permite expresar cualquier tema, sintetizarlo y con tanta libertad que el lector interpreta lo que quiere y le sirve para lo que quiere”, explica poseída y añade: “La crónica y la novela tienen otro rigor. Me gustaría saber escribir crónicas, pero siempre me voy por la metáfora”.

  • Al momento de recibir la medalla en el acto de entrega del beneficio jubilatorio.
  • Su padre temía que el apellido no se mantuviera en el tiempo.

Fue luego de la crisis de 2001 que decidió formarse en un instituto macedoniano atraída por su filosofía. “Macedonio Fernández habla de anular el ego cuando se escribe un poema, pues es el poema el que pide la palabra”, explica entusiasta. Quizás por dicha razón la Dra. Pepió no recuerde de memoria ninguno de sus escritos pero sí es capaz de recitar sin titubear un poema de José Martí que retuvo después de leerlo por primera vez.

La Dra. Pepió es una activa participante de congresos de literatura a los que asiste incluso como invitada. Tras su paso por Colombia y otros destinos de habla hispana recogió maravillada “como otros se expresan sobre los mismos sentimientos, con otras palabras que uno quizás no usaría”. Más tarde en Marruecos, donde el gobierno quiere imponer como segunda lengua al español, las escritoras latinas tuvieron un lugar privilegiado y debió abocarse de lleno: “Por unos días me vi obligada a olvidarme del estudio. Hice un esfuerzo porque me acordaba de los vencimientos, de los clientes, del IVA. Mi hija Paula, mi principal asistente, me decía por mensajes que estaba todo bien. Al regresar me enteré que no estaba todo bien, pero agradezco su intención porque la mente de uno no puede estar al mismo tiempo en todas partes”.

 

Agradecida con la profesión

“Nunca pensé que lo iba a decir, pero me da felicidad tener la profesión. Recuerdo que cuando nos casamos mi mamá preocupada le preguntaba por nuestros ingresos a mi esposo que estudiaba arquitectura, tenía miedo y quería saber con qué dinero contábamos para pagar las cuotas de nuestras compras. Él, que era cuentapropista, le decía “Yo gano cinco mil dólares, mil traigo en efectivo y cuatro mil pago por mi libertad”. Yo pienso un poco eso, trabajar por cuenta propia es un riesgo muy grande pero es pagar por la libertad, porque puedo estar un mes inmersa en el estudio y un día no ir para asistir al curso de literatura”, reflexiona convencida ahora después de las dudas que alguna vez la atravesaron.

A gusto con su elección decidió hacer uso de la posibilidad que brinda nuestra Caja de mantener la matrícula activa y continuar ejerciendo. “No sabía que se podía seguir trabajando. Estoy haciendo auditoría de balances y nunca pensé en jubilarme creyendo que no se podía firmar más”, confiesa la Dra. Pepió y agrega: “Me matriculé cuando nació mi hija y ella estaba al recibir la medalla como jubilada, eso me movilizó mucho, fue un día muy feliz y me sentí muy agradecida”.
En su mente, números y palabras conviven. Excel y Word se dan la mano. Google y los libros llegan a un acuerdo. “Google resuelve algunas cosas pero no es sabio y se equivoca; lo mejor es estudiar”, afirma la profesional que todas las noches tiene algo para leer porque “la palabra escrita siempre nos espera”.

Escribo prosa poética, no me atrevo a llamarlo poesía
sacar mis penas
al sol
es mi tarea

inicio
voy en su busqueda
tropiezo con ellas
andan por la casa saludan
desde el piano
en la mañana humedecen
el aroma del café
mojan mi cara y sin aviso
se hacen perfume en la flor
del jazminero
ó brisa
en el borde último de la tarde
son caricia al elegir el vestido
un reflejo intenso en la calle
al inicio del dia
están
yo lo sé
bajando del altillo
acomodándose en el sillon de leer
aparecen en una voz cualquiera
tocan mi hombro imponiendo presencia
están
yo lo sé
no las encuentro en esta hora

un aleteo es mi desconcierto
sonrío al colibrí
y soy
quitapenas

Pep Pepió

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