Edición N. 109 - Mayo / Junio 2019

LÍNEA DE TIEMPO

Nota 9

El primer Premio Nobel en Ciencias Económicas en 1969 fue para el economista noruego Ragnar Frisch desarrollador de una matriz contable para el análisis económico de los números de su país.

Los profesionales en ciencias económicas no imaginan la vida sin Excel. Pero el popular software no siempre existió. Los primeros intentos de facilitar la simulación de situaciones financieras surgieron para la macroeconomía y luego se volvieron masivos. Cuadernos eternos, pizarrones borroneados y guerras mundiales protagonizan los capítulos de una historia que se escribe con números.

 

Richard Mattessich, la guerra y los presupuestos

Cansado de arreglar presupuestos, Richard Mattessich, decidió buscar un método más práctico e implementó el uso de las hojas de cálculo en forma masiva.

Nació en Italia porque su padre trabajaba en la marina mercante de ese país, pero al poco tiempo se trasladó a Viena, Austria, de donde era originaria la familia de su madre. A los 18 años se graduó de la carrera de Ingeniería Mecánica y poco después interesado en la economía y los negocios ingresó en la Escuela de Economía y Administración donde en 1944 obtuvo el título de Grado con la máxima calificación.

Por estos años la Segunda Guerra Mundial llegó a su ciudad a través de la anexión alemana. Por su fortuita nacionalidad italiana, Mattessich logró evitar su incorporación al ejército nazi, aunque fue reclutado para llevar la contabilidad de diversas construcciones militares en Grecia, como puentes y otras obras civiles.

Terminada la Guerra, la ciudad y su país exigían una reconstrucción. En ese contexto con sus 23 años asume la dirección de una empresa constructora y comienza a aplicar el sistema de hoja de cálculo para sus emprendimientos aunque desvelándose por el tiempo que le llevaba cada corrección de un presupuesto.

Al poco tiempo logró incorporarse al Instituto de Investigación Económica Austríaco al que se dedicó plenamente, y desde donde inició una carrera académica que lo llevaría hasta Canadá, donde Mattessich se consagró en 1961 al ser el primero en proponer el uso de matrices computarizadas para los cálculos de contabilidad.

Tomando como ejemplo los presupuestos contables, Mattessich afirmaba que se trataba de un tipo de actividad de simulación y que un sistema de presupuesto computarizado aportaría grandes ventajas sobre uno manual, especialmente al hacer más rápidos los cambios y actualizaciones.

Antes, las constantes revisiones de un presupuesto demandaban semanas, incluso meses, debido al tiempo considerable que requería efectuar una revisión adecuada; y para cuando estaban terminados los presupuestos ya eran obsoletos.

 

Basta de pizarrones borroneados

Cuentan que mientras Daniel Bricklin estudiaba en el MIT se frustraba por las noches enteras que se consumían mientras analizaba los casos de negocios y que el vaso se rebalsó cuando durante una clase en la universidad observó a su profesor que hizo una tabla de cálculos en un pizarrón y que luego de encontrar un error, tuvo que borrar y reescribir una gran cantidad de pasos de forma muy tediosa.

Bricklin se propuso hallar una mejor manera de realizar esta tarea y convocó para ello al programador Bob Frankston. El proyecto de Daniel partía de la creencia de que las computadoras no debían limitarse a procesar palabras si querían incorporarse de lleno al mundo de los negocios, y que debía desarrollarse el modo de que realicen cálculos más rápido, simple y con mayor exactitud que cualquiera de los métodos conocidos hasta entonces.

Su programa permitiría a los usuarios manipular números y arreglar presupuestos, costos estimados, inventarios e inversiones con inaudita facilidad. Cualquier cambio en un valor afectaría inmediatamente la otra celda, de tal forma que proyecciones como ventas, crecimientos o cambios en tasas de interés podrían ser incorporados para examinar “cualquier tipo de escenarios” y el impacto de cada cambio sería instantáneo.

Así nació VisiCalc, el primer programa computarizado de hoja de cálculo que salió al mercado en 1979. Sumó una razón de ser a las empresas Apple e Intel que incursionaban con la producción de computadoras personales y sentó las bases a partir de las cuales fueron construidos todos los futuros programas de hojas de cálculo electrónicas.

 

Excel al máximo

Puede que nunca lo haya probado hasta el límite y es probable que jamás necesite hacerlo. No obstante, el programa de cálculo de Microsoft en su última versión viene preparado para los más exigentes: soporta 16.384 columnas y 1.048.576 filas por hoja; a su vez permite crear hasta 1.024 hojas, cinco veces más que su versión anterior. Además, en una misma celda se permiten fórmulas de hasta 8.192 caracteres.

Cuentas que no daban
en el Excel 2007

La primera versión del Excel 2007 no reconocía al número 65535 como resultado de una operación. Como ejemplo, cuando se multiplicaba 850 por 77.1, en lugar de ese resultado, la celda mostraba 100000. Más curioso aún era lo que sucedía luego al operar con ese número: si se le sumaba uno, el programa arrojaba el valor 100001, pero si se le restaba uno, entonces mostraba en la celda el valor correcto 65534. El problema fue subsanado con la instalación de un “parche” y desapareció a partir de las versiones de Excel lanzadas posteriormente.



En los años 70, durante una clase en el MIT, un profesor hizo una tabla de cálculos en un pizarrón y tras encontrar un error tuvo que borrar y reescribir una gran cantidad de pasos. Un alumno observó y en él germinó la idea de un software que resolviera estos tediosos casos.

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