Nacieron en los años ochenta y principios de los noventa. Crecieron en años de prosperidad y se los considera parte de la generación más y mejor formada. A nivel mundial, la mayoría tienen estudios superiores, hablan varios idiomas y dominan las tecnologías digitales con una capacidad tan admirable como innata. En 2008, cuando se disponían a salir al mundo laboral, estalló la burbuja y la crisis económica les dio un baño de realidad: el mundo no estaba preparado para ellos. Ante este panorama cobra relevancia la importancia que tendrá en los próximos tiempos la bancarización y la educación financiera como una oportunidad importante de desarrollo en el país, y particularmente entre los millennials, que son la principal fuerza laboral en la actualidad.

Nacieron en los años ochenta y principios de los noventa. Crecieron en años de prosperidad y se los considera parte de la generación más y mejor formada. A nivel mundial, la mayoría tienen estudios superiores, hablan varios idiomas y dominan las tecnologías digitales con una capacidad tan admirable como innata. En 2008, cuando se disponían a salir al mundo laboral, estalló la burbuja y la crisis económica les dio un baño de realidad: el mundo no estaba preparado para ellos.

Son la primera generación capaz de cambiar “la” percepción del mundo y no solo “su” percepción del mismo.

Ahora, apenas diez años más tarde, cuando empezaban a soñar con una mejora de sus condiciones laborales, cuando por edad deberían estar relevando a la generación anterior en puestos de responsabilidad, cuando se disponían a ser cabezas de hogares y, en definitiva, decirle al mundo “aquí estamos”, se ven derrotados por la que ya se anticipa como la mayor crisis económica global desde el período de guerras como consecuencia del Covid-19.

Según un estudio de Equifax, especializada en big data, en nuestro país viven casi 12 millones y medio de millennials y representan a la población más activa económicamente. En promedio ganan $24.000 mensuales y solo el 51% de ellos tiene trabajo formal.

El 85,5% de los millennials argentinos tiene un ingreso inferior a $27.301; el 9,8% cobra un sueldo de entre $27.301 y $49.300; el 3,8% percibe ingresos entre $49.301 y $93.800 y finalmente menos del 1% tiene un ingreso mayor a $93.801.

El panorama para este grupo no es el esperado no solo en el nivel de ingresos, sino en otras ramas de la realidad económica local: según este perfil etario, solo el 29% es titular de tarjeta de crédito y  tienen un nivel de endeudamiento promedio de $46.000, casi duplicando el nivel promedio estimado de ingresos. En este sentido, para los jóvenes de 24 a 28 años, el nivel de deudas es de $19.000 mientras su ingreso estimado es de $20.000

  • El acceso a la vivienda y un trabajo de calidad son dos de las reivindicaciones más escuchadas por los jóvenes de hoy.
  • Manifestación en Madrid organizada por 'Juventud sin Futuro'
  • Los hijos de la posguerra vivieron también peor que sus padres. En la imagen, de 1940, dos mujeres trapichean en una calle de Madrid con cigarrillos y espárragos.

El estudio revela que a medida que avanzan en edad, también aumentan significativamente su endeudamiento en relación a su ingreso: el grupo de 29 a 32 años tiene compromisos por pagar en promedio por $43.000, y sus ingresos rondan los $24.000. Mientras quienes tienen entre 33 y 39 años son los que peor la pasan, ya que se estima que deben unos $68.000, en contraposición con un ingreso promedio estimado de $27.000.

Esta generación, a veces tildada de narcisista y ajena a la realidad, vivió los últimos diez años con la sensación de ver frustradas sus expectativas de futuro y se dispararon los cuadros depresivos y de ansiedad. La precariedad se convirtió en su nueva realidad y limitó las oportunidades de poner a prueba sus capacidades como adultos justo cuando habían de despegar como tales.

No todo está perdido: la generación que se reinventa

“No es que nuestras expectativas de vida sean peores que las de nuestros padres, es que no tenemos expectativas”, aseguró en antropólogo social español Pablo Mondragón quien, además, es millennial. Analistas del comportamiento social también creen que la precariedad no es algo nuevo para ellos, que ya la han probado y se adaptaron. En ese sentido, se cree que también lo harán ahora con una diferencia sustancial a sus padres o abuelos que también pasaron por crisis económicas y sociales: los millennial están formados, altamente capacitados y viviendo en un mundo de bienestar.

Son la primera generación capaz de cambiar “la” percepción del mundo y no solo “su” percepción del mismo. Es decir: por décadas vimos movimientos y grupos en todo el mundo buscando demostrarle al globo que la manera que ellos tenían de analizar la realidad y comportarse en consecuencia tenía que ser adoptada por los demás.

El 85,5% de los millennials argentinos tiene un ingreso inferior a $27.301

Ahora los millennials han acabado con la lógica de que hay que aumentar la capacidad, que mejorar es más: más educación, más idiomas, más capital social, más relaciones, más economía, más trabajo, y por ende, más salario. Las crisis pusieron esta teoría patas arriba y ni la naturaleza ni la economía hacen posible esa lógica de crecimiento. Así, tenemos una generación programada para un modelo que no va a poder ser y que va a tener que reprogramarse, que va a tener que repensar su vida y su futuro.

Y no se trata de una mirada displicente que cree que estos jóvenes no van a poder aspirar a vivir “tan bien” como sus padres, sino que le dieron un nuevo significado a “vivir bien”. Ya no pasa por un mejor sueldo o una mejor vivienda, piensan en un futuro diferente con otras de maneras sentir y valorar lo que tienen, y no cuánto tienen.

 

El desafío de la integración generacional

Ante este panorama cobra relevancia la importancia que tendrá en los próximos tiempos la bancarización y la educación financiera como una oportunidad importante de desarrollo en el país, y particularmente entre los millennials, que son la principal fuerza laboral en la actualidad. La transformación digital tendrá un rol protagónico para impulsar la inclusión financiera, no sólo de esta generación, sino de forma transversal.

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