Uno de los grandes debates y problemas que se suscitan en los últimos tiempos en nuestro país es acerca de la inflación y el alto precio de los alimentos. Tomando en cuenta el panorama internacional pero, sobretodo, el nacional, la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) publicó un informe en donde se consigna que en cuanto a los alimentos de primera necesidad, alrededor del 25% del precio final corresponden a impuestos. En algunos casos, el porcentaje aumenta de manera considerable. En la carne de vaca, el porcentaje impositivo se manifiesta en un 28,3%. En el caso del pan francés, para el precio final, los impuestos representan un 23%. Para la composición del precio de la leche, los valores también cambian: el precio al consumidor final se constituye en un 26% de impuestos.

Uno de los grandes debates y problemas que se suscitan en los últimos tiempos en nuestro país es acerca de la inflación y el alto precio de los alimentos. Es cierto que esta discusión, que a esta altura podemos considerar estructural en torno a la era que habitamos (que parte de la comunidad científica denomina “Antropoceno”), no es exclusiva de Argentina, ni siquiera de nuestra región, sino que es inherente a todo el mundo. Según un informe de abril de 2022 elaborado por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) los precios de los alimentos a nivel mundial alcanzaron un “nivel nunca registrado”, en gran parte, por la guerra entre Rusia y Ucrania. Según se indica, en marzo de 2022, el precio de los alimentos a nivel global aumentó alrededor de 23%. 

La composición de los precios del consumidor final en Argentina es difícil de analizar. Las variables y el desequilibrio es tan grande que un análisis homogéneo y lineal resultaría totalmente alejado de cualquier realidad. Sin embargo, hay ciertos aspectos y engranajes que pueden reconstruir el camino desde un producto en su etapa primaria hasta que llega a la mesa y qué factores influyen y determinan su precio.

El porcentaje de impuestos en el precio de la carne representa un 28,3% (Fuente: FADA)

La carne: uno de los grandes productos testigo

Tomando en cuenta el panorama internacional pero, sobretodo, el nacional, la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) publicó un informe en donde se consigna que en cuanto a los alimentos de primera necesidad, alrededor del 25% del precio final corresponden a impuestos. En algunos casos, el porcentaje aumenta de manera considerable. 

En la carne de vaca, el porcentaje impositivo se manifiesta en un 28,3%. Tal y como indica el informe, si se toma en cuenta toda la cadena productiva, desde la cría hasta el comercio, el resto de la conformación del precio sobre el kilo de carne se completan con un 60,4% en costos de producción y 11,4% el resultado económico, es decir, la diferencia que se da entre los ingresos y los  gastos financieros a lo largo del ejercicio de producción y comercialización. 

Según se indica, en marzo de 2022, el precio de los alimentos a nivel global aumentó alrededor de 23% por la guerra de Rusia y Ucrania.

Profundizando un poco más, podemos encontrar el desglosado de qué tipo de impuestos se aplica en la carne. El 75,4% de aquel 28,3% corresponden a impuestos nacionales, el 19.1% impuestos provinciales y el 5,5% son los municipales. ¿A qué corresponden?. De eso también hay una separación por ítems: en torno a los tipo de impuestos, encontramos que el 33,3% provienen del Impuesto al Valor Agregado (IVA), el 31,9% a Ganancias, 14% ingresos brutos, 10,2% a impuestos de crédito y débito, 5,1% de inmobiliario rural, 2,9% a comercio e industria y 2,5% de tasa vial. 

Expresado en la participación de cada eslabón de la cadena, el feedlot se lleva la porción mayoritaria, con un 29%, muy cerca de los impuestos (28%) y la cría (28%), a quienes siguen la carnicería (10%) y el frigorífico (5%). 

Desde la Federación, en su informe, se aclara que la metodología para considerar este tipo de porcentajes en torno a la composición de los precios, mostrando una realidad promedio de las producciones primaria, industrial y comercial. Se expresa, entonces, que “se sabe que no hay un único mercado de ganado, de carne, ni de subproductos. Existe heterogeneidad en las tecnologías y escalas de producción a lo largo de la cadena y los márgenes netos dependerán de la eficiencia con la que se produzca en cada uno de los eslabones, entendiendo también que existen disparidades regionales. Todo lo anterior justifica la existencia de múltiples composiciones de precios para la carne”.

Además, se destaca que la investigación es realizada teniendo en cuenta a los animales destinados a mercado interno, por lo que un análisis sobre la exportación arrojaría distintos porcentajes. 

El pan y la leche: Composición e impuestos en la primera necesidad

Cuando observamos la composición de los precios de otros productos testigo como el pan y la carne, la porción impositiva se reduce, aunque no tanto. En el caso del pan francés, para el precio final, los impuestos representan un 23%. La parte mayoritaria es para las panaderías, a quienes les corresponde un 60%. La estructura la completan el trigo (13%) y el molino (4%). 

A pesar del aumento de los cereales por la guerra de Rusia y Ucrania, la participación de los productores de trigo se mantiene estable en un promedio de 13% debido a que también aumentan en paralelo los demás ítems. La alta participación de la panadería con respecto a los demás eslabones tiene una razón de ser: este tipo de comercios no solo venden el producto, sino que, en su grandísima mayoría, lo producen a partir de materias primas. Se trata de una producción más artesanal de lo que puede producirse con las carnicerías o lugares de venta de alimentos de otro orden. Es decir, en la panadería confluyen la producción y la venta al por menor.

El precio de la leche desde el campo a la góndola se multiplica por 2,8. (Fuente: FADA)

De este informe podemos concluir que el precio del pan se multiplica por 7,5 desde el campo hasta que el producto llega al mostrador o góndola. Por otro lado, se manifiesta que “de los impuestos que paga la cadena, el 77,3% son nacionales, 20% provinciales y 2,7% municipales. Impuesto a ganancias e IVA concentran el 70% de los impuestos pagados por la cadena”. 

En este caso, se utilizaron datos de la Cámara de Industriales Molineros, “con datos promedios para molinos chicos (2500 toneladas) y medianos (5000 toneladas)”.

Para la composición del precio de la leche, los valores también cambian: el precio al consumidor final se constituye en un 26% de impuestos, mientras que la participación del tambo es del 32% y la industria un 32%. El eslabón menor es el comercio, correspondiente a un 7%. 

Sin embargo, más allá de que en esta cadena son los dos mayores, la situación del tambo y la industria, se afirma, son críticas: “Cuando se analiza el sachet de leche, se observa que la cadena se enfrenta a una situación crítica en dos eslabones: tambo y comercio, con precios que no alcanzan a cubrir la totalidad de los costos”.

Desde que sale del campo hasta su llegada a la góndola, el precio de la leche se multiplica por 2,8. 

Acerca de esto, se aclara que en cuanto a impuestos, se tienen en cuenta Ganancias, IVA, créditos y débitos bancarios, inmobiliario rural, ingresos brutos y tasas municipales; y que las fuentes para llegar a estos números.

Entre otros productos y su composición de precios, encontramos porcentajes de impuestos que rompen el promedio del 25%, como los pescados (39,63%), derivados de frutas y verduras (34,9%) y aceites (31,09%). 

En las bebidas, el porcentaje es mucho mayor: en las bebidas analcohólicas, la carga tributaria ronda en promedio un 40%, con agua mineral y saborizada en un 39% y las gaseosas 43%. Las bebidas alcohólicas, en cambio, tienen un promedio de carga impositiva sobre su precio del 50%, con el whisky, gin, coñac, vodka, tequila y ron como punteros de ranking, con un 65%, mientras que las cervezas un 49%. 

La Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina publicó un informe en donde se consigna que alrededor del 25% del precio final de alimentos básicos corresponden a impuestos.

Quitar el IVA a los productos básicos: ¿Una realidad sostenible en el tiempo?

El debate sobre la quita del IVA a los productos de primera necesidad (o canasta básica) tiene ya varios años y por períodos de tiempo vuelve a tomar la agenda temática y social. ¿Es posible eliminar el IVA para estos productos? En principio, en agosto de 2019, el Gobierno Nacional de entonces implementó una quita del IVA en la canasta básica. La medida incluyó productos como pan, leche, aceite girasol y mezcla, pastas secas, arroz, harinas de trigo, yerba mate, mate cocido, té, polenta, conservas de 

El precio del pan se multiplica por 7,5 desde el campo hasta que el producto llega al mostrador o góndola. El de la leche, 2,8.

frutas, yogures, huevos, azúcar, hortalizas y legumbres. La decisión se extendió hasta diciembre. Sin embargo, la inflación no cesó: desde que se implementó la medida, la suba del índice de precios al consumidor fue de 21,2% (agosto-diciembre) y septiembre, segundo mes con la medida implementada, fue el período de mayor inflación, llegando a 5,9%. 

El acumulado de inflación del año 2019 en alimentos y bebidas no alcohólicas, según datos del INDEC, fue de 56,8%. Entonces, ¿es una solución?. Las opiniones son diversas. Es cierto que, en un cortísimo plazo, la quita del IVA puede ser un parche para una reducción del precio de góndola inmediata. Sin embargo, la experiencia demuestra que no es una fórmula mágica que resuelva este problema. 

En un trabajo académico titulado “¿Bajar el IVA beneficia a los más vulnerables?” (Marcelo Garriga, Walter Rosales, FCE-UNLP), tras una serie de análisis de variables en torno al impuesto, se concluye que “(...) la baja de precios no sería tan significativa eximiendo el sector final. Solo se vería una baja de precios instrumentando IVA tasa cero en la etapa final, introduciendo enormes complejidades de administración tributaria”, además de que “quienes se beneficiarían no necesariamente son los más pobres”. 

En la discusión, también, hay posiciones medias, que aseguran que una buena medida sería no eliminar el total del IVA en estos alimentos, sino hacer una reducción ítem por ítem, tomando en cuenta diversas variables. 

Por otro lado, hay quienes bregan por mantener el impuesto intacto y establecer una redistribución “más adecuada” de la recaudación en programas alimentarios que puedan equilibrar el consumo entre los sectores más pudientes con los sectores más necesitados.


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