La inflación en Argentina ha generado dificultades en el ahorro y en la compra de la casa propia. María Migoya, contadora, ideó una aplicación para abordar este problema. Criptoladrillo es una plataforma que permite comprar ladrillos digitales como forma de resguardo ante la suba de precios. En ella, el comprador recibe un token que tiene el mismo valor que un ladrillo físico, que se ajusta al índice inflacionario, y que podrá canjear por un ladrillo “real” cuando lo desee.

Migoya resalta el enfoque social de la app fundada en 2022, que pretende volver a la cultura del microahorro, una rareza en las nuevas generaciones.

A su vez, desde su rol docente, subraya la importancia de que los profesionales de Ciencias Económicas comprendan estas tecnologías ligadas a los cripto activos, que ya figuran en las declaraciones juradas, para actualizarse en materia impositiva y elevar el servicio que prestan los matriculados.

La inflación, acelerada en los últimos años, ha condicionado dos aristas íntimamente ligadas entre sí: el ahorro, por un lado; y la compra de la casa propia, una aspiración que quedó lejana en el imaginario social argentino, por el otro.

En la matrícula se encuentran profesionales siempre atentos al contexto económico. La Dra. María Migoya, Contadora Pública (Tomo 93, Folio 151, matriculada en el Consejo Profesional de la Provincia de Buenos Aires), pensó junto a un equipo interdisciplinario la manera en la cual poder volver al ahorro, en un presente asediado por la suba de precios. Guardar billetes, la forma clásica de reserva de valor hasta hace no mucho tiempo, había perdido sentido en un país acostumbrado a largos períodos de inflación, y el acopio de bienes o productos, más allá de su indefectible aumento, era una manera de “cubrirse” en el corto plazo.

Sin dudas, el nuevo rol de los profesionales en Ciencias Económicas es brindar soluciones y agregar valor a las inquietudes de su escenario económico. En ese marco, Migoya formó parte del diseño de una aplicación que permite el acopio de materiales de construcción de manera digital, que se actualizan según el índice de precios del consumidor.

Ese intento por contrarrestar una variable tan cotidiana como es la inflación derivó en el uso de tecnología blockchain, equipos interdisciplinarios y empresas constructoras que se unieron para la creación de Criptoladrillo.

 

El sueño de la casa propia

Nacida en abril del 2022 y  gestada en tiempos de pandemia, Criptoladrillo es una aplicación que permite comprar, como su nombre adelanta, ladrillos digitales. El usuario que los adquiere recibe un token que tiene el mismo valor que un ladrillo físico. La particularidad es que el comprador no tiene que acopiarlo en su casa, sino que canjeará el token por dicho ladrillo físico cuando esté por empezar la construcción de su hogar. Particularidad número 2: el precio se actualiza conforme cambia el índice de precios del ladrillo “real”, y así mantiene el valor de compra al resguardo de la inflación.

La intención de Criptoladrillo no es solamente algo que tenga que ver con un valor económico, sino que tenía un fin absolutamente social, que era volver al concepto del ahorro.

La intención de Criptoladrillo no es solamente algo que tenga que ver con un valor económico, sino que tenía un fin absolutamente social, que era volver al concepto del ahorro”, cuenta la Dra. María Migoya, socia fundadora de la aplicación.

Por tratarse de cuestiones, en principio, abstractas, Juan Pablo Derito, abogado y CEO de Criptoladrillo, cita un ejemplo que grafica el funcionamiento de la plataforma. La manera más simple para imaginar la tecnología blockchain es que las personas piensen en una ficha de casino, que solo tiene valor en el casino, y se cambia por una cantidad de dinero. Nosotros tokenizamos un ladrillo digital. Este token tiene valor dentro de esta aplicación y circula en una red trazable, transparente y segura”.

El sueño de la casa propia, la apuesta que María Migoya construyó en Criptoladrillo.

Si bien la aplicación tiene alcance en casi todo el territorio nacional y muchos países de Latinoamérica se mostraron interesados en extender las fronteras de su uso, los desafíos iniciaron ya en los albores de la idea: desde el nombre que iban a usar, “teniendo en cuenta las estafas que hubo y la baja del Bitcoin” y un público reticente a los activos digitales, hasta la cuestión legal y las dificultades para abrir una cuenta bancaria, ya que, para el mismo banco, Criptoladrillo no resultaba un “cliente seguro” al tratarse de un negocio no convencional.

 

El mundo digital desde las Ciencias Económicas

Desde su rol docente, la Dra. Migoya entendió la importancia del estudio de las nuevas plataformas y tecnologías por las cuales se transfieren activos, más aún siendo profesora de la materia “Auditoría” de la carrera de Contador Público en la Universidad Nacional de La Plata, y las complicaciones que puede traer en los matriculados que ejercen y no son nativos digitales.

Si hoy en vez de comprarme al alfajor, me compro un ladrillo, va a llegar un momento que voy a tener todos los materiales para hacer mi casa.

Para los contadores, termina siendo objeto de examen conocer en qué consisten los procesos de tokenización o los basados en las criptomonedas. Es imprescindible que los colegas de Ciencias Económicas estemos empapados de este tema, a pesar de no ser generacionalmente algo que nos es natural”, afirma la Dra. Migoya, remarcando que, en la actualidad, las declaraciones juradas ya incluyen la categoría de “criptoactivos”.

“Tenés que saber cuál es la técnica de evaluación, si pagan impuestos o no los pagan, qué significa minar”, ejemplifica la contadora, ya que estas nuevas transacciones virtuales implican más trabajo para los profesionales. En sus palabras, un mundo de clientes nuevos al que debe adaptarse.

María Migoya y el equipo interdisciplinario de Criptoladrillo, integrado 100% por platenses.

Con un equipo interdisciplinario e íntegramente formado por personas de la ciudad de La Plata, programadores, abogados, contadores y empresarios de la construcción se encuentran trabajando a la par. Nuestra idea era, en una economía inflacionaria, devolverle a la gente el poder del microahorro”, rememora Migoya.

Criptoladrillo pretende oficiar de alcancía, una que ya no recibe monedas metálicas de acero y cobre, sino que guarda ladrillos digitales y más importante aún, el sueño de la casa propia.

Si hoy en vez de comprarme el alfajor, me compro un ladrillo, va a llegar un momento que voy a tener todos los materiales para hacer mi casa”, concluye la colega, con la esperanza de poder alentar a los jóvenes y persuadirlos de que realicen el intento por llegar a la casa propia, en un contexto donde prima la poca oferta de viviendas en alquiler y los precios de las rentas por las nubes.

Cuando le contamos al banco lo que teníamos planeado hacer, no le resultábamos un cliente seguro.

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